QUÉ SON
Para que un alimento libere sus vitaminas y minerales hay que romper las 'cadenas' que mantienen las moléculas unidas entre sí. Y ahí es donde aparecen las enzimas digestivas, que funcionan como bombas dinamitando esas barreras. Cuando no hay suficientes, aparecen los problemas: nos encontramos faltos de energía, sufrimos problemas de piel y digestiones molestas e, incluso, no asimilamos bien los nutrientes.
DÓNDE ESTÁN
Existen 20 tipos distintos de enzimas, algunas las fabricamos nosotros mismos y otras provienen de los alimentos. La mayoría de ellas se encuentran en la saliva. Las demás se reparten entre el estómago, el páncreas y el intestino delgado. Cada una se ocupa de un nutriente específico: las amilasas reducen los almidones de los hidratos de carbono; las lipasas se ocupan de dividir las grasas en partes más pequeñas y las proteolíticas descomponen las proteínas.
¿CÓMO AYUDARLAS?
La regla de oro es masticar mucho cada bocado. Además, puedes consumir alimentos que las contengan como las frutas (especialmente la piña, que posee bromelia y la papaína) y las verduras (sobre todo las hortalizas) consumidas crudas y, preferentemente, al comienzo de las comidas. Otros dos ingredientes ricos en enzimas y que puedes incorporar a tu dieta fácilmente son las algas y los germinados. Échalos en tus ensaladas y notarás como las digestiones pesadas desaparecen. Y, por supuesto, no hay que olvidarse de tomar yogur.