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Y después del cáncer, ¿qué?

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En España hay un millón y medio de pacientes que han vencido a su enfermedad y afrontan esta nueva etapa de su vida con incertidumbre. Pacientes y médicos coinciden en que se necesita un plan para ellos.

Llega un momento en que todo se ha acabado y es ahí donde te encuentras solo y necesitas saber qué te va a pasar. Alguien me debería haber explicado qué problemas me puedo encontrar y cómo hacerles frente”. Lo dice un afectado de cáncer cuyo discurso refleja qué se siente cuando la enfermedad está en remisión completa. Sus palabras reflejan el pensamiento de uno de los muchos supervivientes anónimos que han participado en un estudio llevado a cabo por la Universidad de los Pacientes para conocer la realidad y las necesidades de las personas que han superado un cáncer en nuestro país. Pero, ¿qué es un “largo superviviente”? Desde el punto de vista médico, se considera así a aquella persona que ha superado al menos los cinco años desde el diagnóstico y está libre de la enfermedad. En España hay un millón y medio de ellos y se estima que la cifra vaya en aumento: habrá más de 100.000 nuevos cada año, según la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

FALTA DE SEGUIMIENTO. Hoy es posible sobrevivir al cáncer. Pero la cuestión es: ¿cómo se vive después de haber superado esta enfermedad? “El estudio pone de manifiesto que no se da una respuesta de manera adecuada a muchas de las necesidades de los supervivientes”, indica el dr. Josep M. Borras, coordinador científico de Estrategia en Cáncer del Sistema Nacional de Salud. Ahora que los médicos han conseguido curar a pacientes con cáncer, no hay previsto un seguimiento específico para ellos. “El sistema sanitario debe adaptarse a una nueva realidad y es que los pacientes con cáncer vivimos muchos años. Los tratamientos y el diagnóstico precoz aumentan la tasa de supervivencia e incluso en muchos casos el cáncer pasa a ser una enfermedad crónica”, explica el dr. Albert Jovell, que, además de presidir el Foro Español de los Pacientes, lleva 10 años luchando contra un tumor raro que está respondiendo bien a los distintos tratamientos. El mayor número de supervivientes se encuentra entre los pacientes que padecen tumores con alta tasa de curación, como el de mama, colon y testículo, en jóvenes con linfoma o entre los adolescentes y niños. En general, los participantes en el estudio dicen sentirse satisfechos con el seguimiento clínico, aunque hay especialidades médicas, como la fisioterapia, que no está disponible en todos los centros médicos. Pero tanto pacientes como especialistas coinciden en la necesidad de ofrecer a estas personas un seguimiento específico en unidades de atención especializada o en clínicas para supervivientes. “Pedimos un seguimiento a medio o largo plazo en unidades específicas. En estos pacientes, al cabo de los años, hay más riesgo de que aparezcan enfermedades como diabetes, problemas cardiovasculares y tumores secundarios a los tratamientos”, apunta Albert Jovell. También el dr. Emilio Alba, presidente de la SEOM, advierte que “los problemas de salud relacionados con las secuelas de la enfermedad y con el tratamiento empezarán a ser un importante problema de salud en el 2015. Para adelantarnos a esta situación, estamos elaborando un plan integral para la asistencia al largo superviviente de cáncer que verá la luz a principios del próximo año”. Tras la enfermedad, la mayoría de los afectados describen que sienten abandono y desorientación sobre el itinerario médico que deben seguir. Por eso, otra de sus peticiones es la existencia de un plan de seguimiento que pudiera comunicarse al afectado y a su familia, además de una mejor coordinación entre los diferentes especialistas, sobre todo en el caso de las personas que deben acudir a rehabilitación o a revisiones por sufrir secuelas.

COSTES EMOCIONALES Y LABORALES.
Los afectados también destacan la importancia de tener un seguimiento a nivel emocional o acceso al psico-oncólogo, tanto para ellos como para sus familias. “Este tipo de enfermedad tiene costes emocionales y después de sufrirla puede aparecer la depresión. Hay que aprender a vivir con el miedo a la recaída y con la ansiedad que produce acudir a las revisiones y esperar los resultados. Por eso es muy importante disponer de apoyo psicológico”, demanda Diego Villalón, delegado de la Asociación Española de Afectados por Linfomas, Mielomas y Leucemias (AEAL) en Cantabria y superviviente de linfoma. Los familiares también soportan mucha de esta presión, sobre todo si el paciente es joven, ya que toda la responsabilidad suele recaer sobre los padres: “En mi caso quien lo llevó peor fue mi madre. Estaba muy pendiente de mí y sufrió el miedo a la recaída”, recuerda Belén Gutiérrez después de superar un linfoma que le diagnosticaron con 20 años.

DIFÍCIL INTEGRACIÓN. La vida en pareja también se resiente, ya que los cambios físicos requieren que la persona se adapte a una nueva realidad. En el cáncer de mama, la extirpación de uno o incluso los dos pechos llega a ser traumático para la mujer, según refleja alguno de los testimonios presentes en el estudio: “Me quitaron el pecho y, en aquellos momentos, me daba pánico que me tocara mi marido. No quería. Me falta una cosa en mi cuerpo y no lo acepto”. Otro problema es la integración laboral, ya que en algunos casos los supervivientes no pueden desempeñar la actividad que tenían antes de la enfermedad. “Cuando luchas contra el cáncer, el objetivo es sobrevivir, pero cuando te dicen que ya estás curado te das cuenta de que todo sigue igual que antes excepto tú”, afirma Diego Villalón. Muchos de los ex pacientes dicen sentir más cansancio que antes del diagnóstico. “Sigo trabajando, pero no estoy al 100%, tengo que hacer todo con mucho cuidado. Han llegado a creer que tenía síndrome de fatiga crónica”, dice otro de los participantes en el estudio. Incluso se dan casos de personas que pierden su trabajo por haberles dado la incapacidad, pero que al cabo de un tiempo vuelven a considerarlos aptos para trabajar. “Hay pacientes que desde el principio reciben la incapacidad laboral, con lo cual pierden su puesto; pero al cabo de un tiempo se revisa el caso y si consideran que son aptos los reincorporan al mundo laboral. Entonces se encuentran sin empleo y con un bache en su curriculum difícil de explicar”, apunta Begoña Barragán, presidenta del Grupo Español de Pacientes con Cáncer (GEPAC) y AEAL. Tanto afectados como expertos apuntan la necesidad de facilitar la reinserción laboral de manera paulatina, con flexibilidad de horarios, e incluso, una valoración de las tareas en caso de que la persona presente secuelas.

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