Así, la vitamina A es fundamental para un crecimiento y desarrollo normales, para el sistema inmunitario, la vista y otras funciones del cuerpo humano. En situaciones como el embarazo y la lactancia, la vitamina A tiene una función especialmente importante en el correcto desarrollo del bebé, recomendándose una mayor ingesta de vitamina A (retinol) en estas condiciones.
Además, los últimos datos aseguran que unos niveles subóptimos de vitamina A y betacaroteno, incluso muy por encima de los que causan síndromes clínicos de deficiencia, pueden ser
factores de riesgo para padecer enfermedades crónicas.
Investigaciones recientes en mujeres han demostrado que casi el 50 por ciento de la población tiene una variación genética que reduce su capacidad de producir cantidades suficientes de vitamina A a partir del betacaroteno. Los estudios señalan que las mujeres más jóvenes portadoras de la variación genética se ven afectadas por un mayor riesgo, ya que tienden a consumir alimentos que no son suficientemente ricos en vitamina A, dependiendo en gran medida de la forma de betacaroteno del nutriente.