Sentimientos

La familia hasta en la sopa

Necesitamos a la familia para poder refugiarnos en ella cuando estamos mal y padecemos contratiempos. Y también necesitamos que la familia respete nuestra libertad, que acepte nuestras decisiones, que confíe en nuestra capacidad para manejarnos en la vida y no se meta a decirnos lo que tenemos que hacer. Cuando nuestra madre, padre o hermanos opinan demasiado sobre lo que nos ocurre e intentan dirigir lo que hacemos, estamos enredados en vínculos familiares donde prima el control. Entonces la dependencia es excesiva, al estilo de la que se vive en la infancia. La molestia se instala cuando la intromisión de la familia hace que se tenga poca intimidad, poca libertad. Esto es lo que le ocurría a nuestra protagonista.

Ana soñó que un incendio convertía su casa en ruinas, con toda su familia y su ex pareja dentro. Ella lograba huir, era la única que se salvaba. Se despertó angustiada. Cuando llegó a la psicoterapia a la que acudía desde hacia tiempo, comenzó hablando del sueño y la angustia que le había proporcionado. A partir de las asociaciones y la elaboración de las imágenes oníricas pudo nombrar algunos de sus deseos. Necesitaba escapar de la presión que su familia ejercía sobre ella, deseaba salir corriendo de una situación que la mantenía atada a posiciones infantiles que ya no soportaba. Se había separado de su novio y en su familia la trataban como si fuera una adolescente, a la que hubiera que controlarle la hora de llegar a casa. El sueño simbolizaba el deseo de librarse de la influencia que su familia tenía sobre ella. Su ex también había llegado a convertirse en alguien que la controlada demasiado, le revisaba los mensajes del móvil, se metía en su correo electrónico y, al estilo de su madre, decía que la espiaba por su bien. Ella pretendía ahogar la rabia que esto le producía porque, sin saberlo, seguía acomodándose al deseo de su madre.

Desde la infancia Ana había sido defraudada en su infancia por un padre lejano y frío, en el que no encontró ninguna respuesta a sus necesidades filiales. Ello la hizo retroceder a la relación con su madre, que sí había sido gratificante, aunque también la asfixiaba y se quedó fijada a ella. Por su parte, la madre fomentaba en su hija la dependencia porque era una mujer infantil y se sentía sola. Durante el tratamiento, Ana comprendió que en la relación con su ex había repetido algo de la relación con su madre. Ana no pudo salir de la posición infantil que tenía hasta que no pudo nombrar el deseo inconsciente de seguir gratificándose como una niña. Hay madres que no aceptan con facilidad que sus hijos se separen de ellas y padres que en su deseo de mantenerse en un lugar idealizado, tratan a sus hijos como niños. Intentan compensar con sus hijos deseos que pertenecen a su infancia y por ello se entrometen demasiado en la vida de sus hijos.

Se confunden con ellos y esto crea enfrentamientos.
Nacemos dependientes y sentimos lo que nos rodea como parte de nosotros mismos hasta que construimos un yo, instancia psíquica que comienza a organizarse en la primera infancia y se afianza en la adolescencia. La identidad se trata de una conquista que consiste en aceptar la parte de soledad que nos hace posible, más tarde, compartir nuestra vida con los demás. La sensibilidad materna y paterna que hayan tenido con nosotros y cómo hayamos elaborado nuestra historia emocional determinan que podamos llegar a ser más o menos independientes y aceptemos más o menos intromisiones.

Éstas se producen cuando algún miembro de la familia pretende controlarnos y tolerarlo depende de deseos propios que no sabemos que tenemos. La intolerancia con los propios afectos desencadena un sentimiento de repulsa cuando esos afectos se reconocen en los demás. Lo que aceptamos y lo que rechazamos en otros no deja de ser algo que aceptamos o rechazamos en nosotros mismos y que desplazamos a otras personas, algo habitual dentro de la familia. n

Claves

La excesiva intromisión de alguien de la familia en la vida de otro viene provocada por un apego patológico entre ambos. Quien intenta controlar proyecta sus miedos en el otro y necesita sentirse seguro apoyándose en aquel al que invade.Aquel que es objeto de la intromisión se somete a ella porque cumple sin saberlo su deseo inconsciente de ser el objeto de la atención de quien le invade.Hay que aprender a habitar la soledad propia para respetar y cuidar la subjetividad. La intimidad es algo que se construye dentro de la familia y es posible cuando los padres respetan tanto el cuerpo como el psiquismo de su hijo.

La palabra

Tiene su origen en satisfacciones vividas. En la educación de los niños conviene cuidar dónde se ponen los límites para que asuman frustraciones. Todo desengaño o amenaza que afecta a la sexualidad de un adulto puede provocar el regreso a una sexualidad infantil fijada de forma inconsciente. Se siente fijación por la madre porque se idealiza su imagen; eso conduce al hombre a buscar una mujer mayor que le proteja. En la mujer, la identificación con un padre dominante, puede llevarla a buscar compañeros jóvenes, incapaces de dominarla. El primer objeto de amor es la madre. Si la relación con el padre no funciona, se puede producir una fijación de la figura materna, que provoca dificultades en la relación de pareja.

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