Zaragoza, 24 oct (EFE).- Patricia Badian Kosman, "Pato" para los amigos, nació en Buenos Aires hace treinta años pero desde hace diez vive en Zaragoza, ciudad a la que no quería venir y en la que ahora busca sus sueños: ser actriz y sobre todo cantante, a pesar de las dificultades de ganarse la vida con el arte.
Su "obsesión" por la música le viene de la influencia de su padre, psicoanalista de profesión, y también de su madre, gran aficionada al piano, pero su primer contacto con un escenario y con el público vino de la mano del teatro, con sólo cinco años.
Llegó por casualidad a la capital aragonesa, de donde procede la novia de su hermano, también músico y residente en Viena, ya que su madre encontró en un traslado a Aragón la oportunidad de ver más a su hijo.
"Yo no quería venir" -reconoce-, pero finalmente entendió que "había que probar" y descubrió que en Zaragoza sí había "cosas para hacer".
Pregunta.- ¿Qué proyectos tienes ahora entre manos?
Respuesta.- Desde hace tiempo tengo en marcha un proyecto de cuentacuentos infantil, que he representado por casi toda la Comunidad Autónoma, y estoy ensayando una obra de teatro, "La Irredenta". También formo parte de un grupo de folclore argentino, Almagato, y de un dúo, con un guitarrista.
P.- ¿Con cuál de estas disciplinas te quedarías?
R.- Es difícil elegir. Cada una de ellas llena una parte de ti. El espectáculo infantil es más satisfactorio, por la relación con los niños, aunque hace unos meses participé en una cantata escénica en la Universidad Carlos III, en Madrid, y se acerca más a lo que verdaderamente quiero hacer, porque tiene mucho de arte dramático pero también exige canto lírico.
P.- Una oportunidad como esa supongo que en Zaragoza no la hay...
R.- Las oportunidades para canto lírico no existen aquí. Aquello es inaccesible.
P.- ¿Qué es lo que más te gusta de Zaragoza?
R.- Sin duda la gente. Es muy hospitalaria y muy abierta, aunque a mi llegada me tuve que hacer con un código diferente y una forma de pensar diferente. También me gusta la tranquilidad de esta ciudad, aquí encuentro paz, equilibrio.
P.- ¿Has vuelto a Buenos Aires en estos diez años?
R.- Sí, en el año 2000. Viajé para actuar con Almagato. Fue una experiencia muy dura. Sentí el peso de alguna amiga que todavía me reprochaba mi marcha.
P.- ¿Echas de menos tu ciudad?
R.- La verdad es que no soy muy nostálgica. Pero de allí extraño la infinita movida cultural que existe, la situación social es muy compleja, por lo que el artista necesita arremeter contra ella. La gente es maravillosa, intelectual y culturalmente. En mi opinión es el foco intelectual más importante de Latinoamérica.
P.- ¿Un contraste con Zaragoza?