La agricultura y la ganadería no son las únicas
opciones para ganarse la vida en los pueblos.
Los negocios creativos también tienen cabida.
Solo hay que tener la idea y el valor de llevarla
a cabo.
A Claudia Möller, una historiadora argentina que llegó
a España para hacer el doctorado y acabó enamorándose
del país, un amigo le dijo una vez: “No eres
español hasta que no tienes una casa en un pueblo”.
El comentario era en tono de broma, pero ella cree
que esconde cierta verdad. Y el caso es que la idea de vivir en
un núcleo pequeño, sin tráfico ni aglomeraciones, rodeada de
naturaleza, le atrajo.
Ni corta ni perezosa empezó a buscar “su”
pueblo, y lo encontró a menos de 10 kilómetros de la ciudad de
Salamanca, pero a años luz del trajín urbano. “El autobús pasa
tres veces al día y no hay establecimientos. Si quieres comprar
pan, esperas a que pase el panadero, que viene cada día; igual que
el carnicero, el pescadero...”, cuenta.
Para ella, era el lugar perfecto
donde instalarse, así que compró una casa para restaurarla y
fue entonces cuando se topó con un pequeño tesoro: una antigua
bodega romana subterránea en estado bruto. “Llamé a un amigo
arqueólogo y, tras echar un vistazo, contactamos con la Junta de
Castilla León, que la dató en el siglo III”, cuenta esta profesora de
universidad de mente inquieta, quien después de darle algunas
vueltas a la cabeza decidió emprender un
proyecto inexistente hasta entonces en
España: Vinarius, una guardería de vinos
donde los clientes pueden conservar
sus botellas en las condiciones idóneas,
y que además acoge otras actividades
aprovechando el entorno rural donde se
ubica.
Hoy, cinco años después de aquel “chispazo”, como ella
llama al momento de inspiración que dio con la forma de cubrir
una necesidad, son muchos los que por fin sitúan Castellanos de
Villiquera en el mapa. Entre ellos, conocidos políticos y empresarios
que encontraron un glamuroso lugar en pleno corazón de
la comarca de La Armuña.
No son los únicos que ven en la vuelta
a lo rural una opción atractiva. Ese
colectivo que encuentra en los núcleos
pequeños y apartados un paraíso en toda
regla es cada vez más numeroso. Como
muestra, un dato: de acuerdo con un estudio de la Fundación La Caixa, los neorrurales –urbanos
desencantados que han cambiado la ciudad por el campo– ya
suponen el 17% de la población rural.
Iniciativas emprendedoras
Entre esos que dejaron la urbe por el aire fresco están quienes
se empeñan en demostrar que la calidad de vida de un núcleo
rural no está reñida con negocios prósperos y modernos que nada
tienen que ver con cultivar hortalizas o dedicarse a la ganadería.
Por ejemplo, Claudia Möller, que el año pasado se hizo con el premio
de excelencia a la innovación para
mujeres rurales que otorga el Ministerio
de Medio Ambiente y Medio Rural y
Marino. O Rosa Moreno, una diseñadora
que después de estudiar en Madrid,
Londres y Milán decidió liarse la manta
a la cabeza y montar su negocio en un
pueblo de Cáceres, Navalmoral de la Mata, creando desde allí alta
costura y “prêt à porter” con materiales ecológicos y producción
artesanal.
“Al principio, cuando iba a las ferias de moda, me preguntaban:
“¿En Extremadura hacéis esto?” Me vino incluso bien
como promoción, porque a la gente le sorprendía”, dice Rosa, la
diseñadora que acaba de iniciar su expansión internacional tras
asistir a ferias como Bread and Butter, The Brandery, SIMM o
Pret a Porter Paris. Aunque viaja constantemente, Rosa Moreno
no piensa mover su cuartel general de Navalmoral.
Igual que Nohemí Hornero, una de los 2.800 vecinos de otro
pueblo cacereño, Losar de la Vera, el
mismo que abandonó con 13 años y al
que regresó como empresaria montando
Alabaz Glass Design. Su historia tuvo
que ver con un sueño de crear un negocio
de diseño en cristal que se encontró
con muchos obstáculos en Madrid.
“Aquí, por el contrario, no te ven como un número, y eso, a la
hora de realizar cualquier trámite administrativo, tiene muchos
beneficios porque se vuelcan contigo”, comenta.
Aliadas con la tecnología
Ella, al igual que Rosa Moreno, forma parte de Artemur, una
plataforma para las mujeres rurales emprendedoras puesta en
marcha por la Unión de Pequeños Agricultores (UPA).
Su objetivo
es fomentar el uso de las nuevas tecnologías como canal
de comercialización y distribución de productos artesanos del
mundo rural. Y lo cierto es que ninguna
de las emprendedoras rurales niega
que internet les ha abierto una enorme
puerta. A través de la Red llegan a cualquier
punto del globo sin necesidad de
una gran inversión. Por eso, Nohemí
Hornero montó una segunda empresa.
“Me di cuenta de que en esta zona había un montón de empresas
a las que el comercio electrónico les iría de maravilla, y al
final me pasaba casi más tiempo asesorando acerca de ese tema
que fabricando mis piezas, así que decidí crear una empresa de
servicios para comercio electrónico.
Hoy en día, sin una web
estás perdiendo mucho mercado. Sin embargo, si la tienes, te da
igual estar en un pueblo perdido de las Alpujarras que en Nueva
York”, explica. Y aunque a los extranjeros les cueste pronunciar
Castellanos de Villiquera, Navalmoral de la Mata o Losar de la
Vera, el caso es que unos cuantos ya han estableciedo conversación
con los lugareños preguntando
por el negocio en cuestión. Cosas de las
nuevas tecnologías. Pero sobre todo, de
estas tres mujeres con iniciativa que no
hicieron caso a los que les decían que lo
rural siempre va asociado a dificultad, el
tiempo les ha dado la razón.