Nada provoca más atracción que una mujer que se guste a sí misma. Yves Saint-Laurent decía con bastante agudeza psicológica que la capacidad de seducción femenina provenía de “amarse un poco para gustar mucho”. Para conseguirlo tenemos que tener una buena relación con nuestro cuerpo, algo que a las mujeres nos cuesta especialmente. La queja continua de “me sobra de aquí” o “me falta de allá” es habitual.
La batalla contra los kilos es una de las tareas que más conflictos nos provoca. El espejo nos devuelve una imagen que viene cargada con nuestra particular y subjetiva forma de mirarnos. La representación que tenemos de nosotras mismas tiene que ver con nuestra historia emocional, a la que se añaden los modelos culturales que señalan a la mujer el camino a seguir para resultar deseable.
Reflejo subjetivo
Las curvas son específicas del cuerpo de la mujer. La mayoría de los hombres prefieren la sensualidad de éstas a los cuerpos escuálidos. Las curvas están asociadas a la sensualidad, a la voluptuosidad. Por qué entonces encorsetarnos al cuerpo dentro de una dieta. ¿Quizá para contener la sensualidad femenina? ¿Tal vez para no descubrir insatisfacciones íntimas? En cualquier caso, poner muchas energías en adelgazar cuando no lo necesitamos equivale a concentrarlo todo en la parte física, lo que viene a ser un modo de silenciar nuestros deseos.
María se acostó un poco irritada. Había hecho esfuerzos por no comer chocolate antes de acostarse. Venía el verano y comenzaba, como siempre, a querer bajar unos kilos. Aquella noche se acostó pensando en que para ella era importante adelgazar. Pero Jorge no entendía ese deseo, le parecía que exageraba. Por si fuera poco, en una reunión de amigos aquella tarde, uno había dicho que le gustaba la actriz Scarlett Johansson porque tenía curvas y Jorge se mostró de acuerdo con él. Hoy tampoco harían el amor. Cuando estaba enfadada con él, no le apetecía porque no se sentía ni comprendida ni querida.
A la mañana siguiente, cuando se despertaron, Jorge le dijo que se había levantado espléndida. María, que asociaba esa palabra a pasarse de kilos, le preguntó: “¿Espléndida a lo Johansson o a estar tan gorda como mi madre?”. Jorge se rió y no contestó. María se pelea con la báscula y con su pareja porque piensa que le sobran un par de kilos, pero intuye que tal vez le falte una dosis de seguridad en sí misma. Su madre era una mujer llenita y poco afectiva. Todo lo solucionaba dando de comer, si bien quería que su hija estuviera delgada, algo que ella no pudo nunca conseguir. Su padre, un hombre tierno pero distante, tampoco le había servido de gran ayuda y siempre pensó que le había decepcionado. María huye de ser como su madre y con su obsesión por la dieta busca diferenciarse de ella, pero lo vive con culpa. Atrapada en la idea de que le falta algo para ser querida, busca una imagen de perfección que no existe y que atribuye a estar un poco más delgada.
Las mujeres están más presionadas para amoldar su cuerpo y gustar a los otros. Esto se expresa desde una dimensión psicológica y otra social. En la primera, las niñas atraviesan un largo proceso de discriminación en el que aparecerán conflictos de amor y rechazo que pueden desplazarse a la comida, que siempre está asociada a la madre. En la social, se presiona a la mujer para que se ajuste a un determinado peso porque así –le aseguran– será más deseada y quizá más querida.
CLAVES
¿Por qué la sociedad transmite un modelo de mujer cada vez más delgado y menos femenino?
• Someterse a un régimen constituye una forma de intentar dominar nuestras pulsiones, pero someter al sexo femenino a una imagen cada vez más escuálida es una manera de someter sus ansias de libertad, y ésta sólo es posible si se puede disfrutar en la vida y no si se tiene que estar pensando todo el rato qué se puede y qué no se puede comer. Quizá a la sociedad del siglo XXI le parecen excesivos los cambios que propone la mujer y pretende encerrarla en las dietas.
• La verdadera revolución femenina sería poder vivir bien un cuerpo de mujer que tenga las curvas y medidas posibles y no someterse a modelos que encorsetan el cuerpo en modelos imposibles.
• En la lucha contra la curva hay algo asociado contra la feminidad, lo que somete a las mujeres en unos patron es rígidos.