Isabel Menéndez
En el terrible caso del “monstruo de Amstetten” se enfrentan muchos conflictos psicológicos. El padre incestuoso no ve a su hija como tal, porque no reconoce la relación paterno-filial. No tiene límites ni leyes morales o psicológicas que le impidan abusar de ella.
El incesto es un crimen psicológico, un asesinato del alma. Lo llevan a cabo personas con graves alteraciones psíquicas que ven en sus hijos meros objetos disponibles para su goce sexual.
Elisabeth Fritzl, que tiene 42 años, aunque parece mucho mayor, estuvo durante 24 años secuestrada en el sótano de su casa, donde su padre la violaba y abusaba de ella. Tuvo siete hijos producto de esas relaciones incestuosas, uno de los cuales murió y fue incinerado por su padre-abuelo.
Tras la conmoción psicológica y social que ha supuesto esta noticia, aparecen las preguntas para intentar entender lo incomprensible y calmar la angustia provocada por acontecimientos de esta naturaleza. ¿Cómo Josef Fritzl pudo hacer algo así? ¿Es posible abusar de una hija hasta ese punto? Por raro que parezca, hay que señalar que el padre incestuoso no ve a su hija como tal, porque no reconoce la relación paterno-filial. No tiene límites ni leyes morales o psicológicas que le impidan abusar de ella. Este hombre carece de un psiquismo humanamente estructurado que incluya el respeto hacia el otro. No ha aceptado la prohibición edípica de que la sexualidad no se puede practicar dentro de la familia, prohibición sobre la que se organiza el psiquismo humano y que instaura el orden social y cultural en el que vivimos. Al no aceptarla, los individuos como Josef Fritzl se comportan como animales.
Stefan y Felix, dos de los hijos que permanecían con Elisabeth en el sótano, se comunicaban entre sí con una especie de gruñidos animales y uno de ellos prefería andar a gatas. Estos chicos apenas han conquistado el habla que nos caracteriza como humanos.
Tras las preguntas sobre lo que lleva a un hombre a perpetrar este crimen contra su hija aparecen otros interrogantes: ¿nadie se enteró de un secuestro que duró 24 años? ¿Y su madre? ¿Quién alimentaba a Elisabeth cuando su padre-secuestrador se iba de viaje? ¿Cómo es posible que engañara a todos sobre la desaparición de la niña? Cuando el padre acudió con Elisabeth al hospital porque los médicos requirieron su presencia, ¿quien avisó a la policía? Ocultar un hecho de esta naturaleza durante tanto tiempo sólo es posible cuando el padre incestuoso tiene una complicidad con otros adultos. Esta complicidad no tiene por qué ser consciente. Consiste en mirar a otro lado, en dejarse engañar. Es probable que la madre de Elisabeth también tenga un deterioro psicológico importante y no sepa ni pueda proteger a su hija de un violador. Aunque fue encerrada en el sótano a los 19 años, a los 11 habían comenzado los abusos, lo que quiere decir que durante ocho años fue violentada por su padre en la casa familiar. ¿Tampoco se dio cuenta nadie?
LAS REGLAS MORALES
Elisabeth exculpa a su madre. Quizá, durante estos años pudo sobrevivir en el zulo donde estuvo encerrada porque había construido una fantasía de que alguien la quería. Es probable que la madre la tratara como un ser humano en sus primeros años y esto la pudo sostener con vida. Quizá, identificada con una madre que seguramente ha soportado de todo, tampoco pudo rebelarse contra su violador.
Para realizar este tipo de actos, el psiquismo ha de tener una estructura perversa en la que la sexualidad está dominada fundamentalmente por un componente sádico. Es evidente que no tiene unas reglas que pusieran tope a los impulsos y que la satisfacción de éstos estaba por encima de cualquier consideración ética. No ha interiorizado reglas morales que provienen de generaciones anteriores. La miseria moral no conoce límites.
Estos psicópatas tienen graves dificultades con su mundo emocional porque no interiorizaron unas normas éticas indispensables para funcionar en la vida, que pongan freno a unos impulsos desenfrenados. Estas reglas se aprenden durante la infancia y se adquieren en el entorno familiar y social.
Cuando el padre de Elisabeth tenía 10 años, gaseaban e incineraban a judíos en el campo de concentración de Mauthausen, que se encuentra a sólo media hora de Amstetten, donde vive la familia Fritzl. Curiosamente, Josef incineró en su jardín a uno de sus hijos-nietos que murió al nacer. Fue un hombre educado en el sistema social nazi. Aunque lo social no es determinante para llegar a ser un perverso, lo cierto es que el violador fue educado en un país donde el asesinato era corriente. Los individuos como Josef Fritzl son incapaces de ponerse en el lugar del otro. Identifican el placer con una situación de poder absoluto sobre los demás.
LAS CLAVES
La locura da miedo, siempre lo ha hecho. Ser inteligente no salva del desequilibrio. Hay perversos y psicópatas que son profundamente dañinos para quienes les rodean y que pueden tener una gran capacidad mental. La inteligencia no está reñida con la perversión.
• La locura no justifica ningún acto, sólo sirve para entender psicológicamente por qué alguien lo ha llevado a cabo.
• Ser consciente de lo que se hace no es lo mismo que tener conciencia sobre lo que se hace. El padre de Elisabeth sabía lo que hacía. Es más: incluso le parecía que sus acciones tenían como fin el bien de ella. No valoraba lo que estaba haciendo como un crimen contra su hija.
• Otro rasgo característico de esta estructura perversa es el sentimiento de omnipotencia. Josef Fritzl creía que sería capaz de engañar a todo el mundo, incluso a los médicos ¿Qué otra cosa podría hacer que llevara a su hija-nieta al hospital?
LA NOTICIA
Abusar de las hijas
Leemos estos días en la prensa que la ley ha devuelto la patria potestad a José María Cenamora, un padre que abusaba sexualmente de sus hijas. Es una actitud patológica de la Justicia, incapaz de advertir el destrozo psicológico que este tipo de maltrato provoca en los hijos. Este hombre provocó el suicidio de Patricia, la hija de su pareja, de 17 años, de la que abusaba desde los 10. Primero le asesinó el alma; luego, Patricia se lanzó a las vías del metro tras contarlo a su familia. El segundo capítulo se escribe sobre el cuerpo de la hermana pequeña, que tiene 10 años y es hija biológica de este sujeto. La patria potestad obliga a velar por los hijos, educarlos y formarlos. El código penal impone que se pueda privar de ella por abusos, de seis meses a seis años. En este caso, la pena era sólo de 18 meses. Estamos locos. Un padre que abusa de su hija nunca ha ejercido la patria potestad. Jamás ha ejercido de padre porque no ha aceptado a su hija como tal, sino como un objeto para su goce sexual. ¿Dónde están los derechos de las niñas?