Vivir en positivo

El espejo del alma

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Una gran sonrisa, unos ojos brillantes, una actitud positiva... Son los ingredientes de la belleza. Para conseguirlos, libérate de tus miedos y acéptate como eres.

Según el diccionario, la belleza es la propiedad de las cosas cuya contemplación produce deleite espiritual. Pero cuando nos referimos a la de las personas aparecen interrogantes. ¿Puede gustarnos la imagen de alguien que sufre una fuerte tensión interna? Si el rostro es un trasmisor de emociones, la belleza exterior guarda siempre alguna relación con nuestro estado interior.

Hay factores externos, culturales y de moda que influyen sobre la idea que una persona se hace de sí misma, pero éstos siempre se combinan con factores internos, que son determinantes para que se sienta a gusto o no consigo misma. La belleza sólo durará en el tiempo si las líneas de nuestras facciones se conjugan con los elementos psíquicos que componen nuestra subjetividad y si éstos gozan también de cierta armonía. Aunque parezca contradictorio, conquistar el equilibrio emocional que tanto favorece nuestra belleza tiene mucho que ver con aceptar los aspectos que menos nos gustan de nosotras mismas. Todos tenemos afectos que rechazamos, pero que hemos de asumir como propios si queremos conocernos psíquicamente.

Metas realizables

En caso contrario, corremos el peligro de proyectar sobre los otros lo que menos nos gusta de nosotros. Sólo asumiendo nuestro mundo interno –compuesto por deseos, fantasías y carencias– podemos llegar a querernos. El equilibrio emocional se consigue cuando nos aceptamos y nos queremos como somos, sin engaños ni mentiras, y cuando nos atrevemos a reconocer nuestros deseos y tenemos el valor de realizar los que son posibles, sin castigarnos por los que no podremos llevar a cabo.

Había llegado al tratamiento con 30 años, varios fracasos amorosos, dificultades con la alimentación y problemas para dormir. Se sentía fea, estaba triste, pero hacía esfuerzos para que no se le notara. Todo esto acabó desgastando su belleza, al igual que su ánimo. Laura, que tenía cuatro hermanos, estudió por decisión de sus padres en un internado. Su madre le explicó que era porque no había un buen colegio de chicas, pero ella siempre lo achacó a que no la querían lo suficiente. Su padre, que le tenía un especial cariño, no hizo nada por evitarlo.

Más independiente

Durante el tratamiento pudo expresar todos los rencores y las culpas que tenía por ello. En alguna medida, había intentado entender su historia creyendo que ella era peor que sus hermanos y por eso la habían echado. Pero, en su proceso terapéutico, Laura pudo reorganizar su historia. Su madre la había alejado porque prefería a los chicos, ya que no tenía una buena relación con su feminidad. Este aislamiento había conseguido hacerla más fuerte, más independiente. Asimismo, la actitud de su padre también la entendió de forma distinta. Él, que era un hombre de campo, sabía lo importante que era tener una buena formación y renunció a estar cerca de su hija para que ella tuviera más oportunidades. Se trataba de un acto de amor hacia ella.

Cuando acabó el tratamiento, se había reconciliado con su historia y pensaba que se había liberado de todo lo feo que llevaba dentro. El amor que sentía en este momento por sí misma le permitía cuidarse. La armonía interna que había logrado se reflejaba en su cara y atraía a los demás.

El libro

Prevenir sufrimientos inútiles. En “La dificultad de vivir” (Gedisa) la psicoanalista Françoise Dolto explica el origen de los problemas que nos hacen sufrir. Además, ayuda a las madres en la difícil tarea de entender las emociones de sus hijos.

LAS CLAVES

La belleza interior se produce cuando en nuestro psiquismo reina el bienestar. Para conseguirlo hace falta: 

Alcanzar acuerdos básicos con nosotras mismas, abandonando exigencias y fantasías de alcanzar la perfección. 

Aceptar la verdad de nuestra historia emocional. Reconocer las carencias que tuvimos y las de nuestros padres. 

Vivir según lo que deseamos dentro de nuestras posibilidades.

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