Vivir en positivo

¿Por qué nos gusta comprar juntas?

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Comprar en compañía de otro es un modo de comunicarse con él y una excusa para estar juntos, para conocerse, para relajarse... Lo adquirido nos recordará seguramente a quien nos acompañaba en el momento de comprarlo, igual que se recuerda a la persona que te regaló un objeto cuando lo usamos o lo vemos. Salir a comprar con su pareja, con alguna amiga o con su hija era para Irene el mejor relajante para la estresante vida que llevaba. Se trataba de un juego placentero quem le producía el mejor de los cansancios.

Acababa de ir de compras con su hija y las dos venían encantadas, aunque Raquel, que tenía 15 años, protestaba un poco por haber dejado en la tienda una falda que su madre le había sugerido y que a ella no le convencía demasiado. Ahora, sin embargo, pensaba que le quedaba muy bien. “No te preocupes –le dijo Irene–, si te gusta tanto llamamos a la tienda y les digo que te la reserven; así volvemos otro día”. “¡Bien!”, exclamó Raquel, mientras le daba un beso y le decía cuánto la quería.

Evitar conflictos

La duda que le hizo dejar la falda se refería al color, entre berenjena y morado, el mismo que tenían los pantalones pitillo que se había comprado Irene, su madre. La dependienta le decía a Raquel que se llevaba mucho este invierno, pero ella insistía en que no le gustaba ese color .

“Pues a ti también te queda muy bien, hija”, dijo su madre. La gama de morados era la preferida de Irene y la que más usaba en su ropa. Su hija, en esa lucha por tener una identidad propia, no quería ponerse algunas cosas que se identificaran demasiado con su madre. Pero la frase de Irene, afirmando que a ella también le quedaba bien, resolvió el conflicto de rivalidad que Raquel tenía con ella. Irene disfrutaba mucho cuando iba de compras; recordaba lo bien que se lo pasaba cuando, de joven, iba con su madre a los mercadillos, donde las dos juntas buscaban y buscaban. Su madre siempre encontraba cosas a muy buen precio.

Irene siempre asoció la idea de saber comprar con la de manejarse bien en la vida. A veces pensaba que adquiriendo cosas que le quedaban bien compensaba el silencio de su padre, que se dirigía a ella de forma muy excepcional. Dar con una chaqueta que le gustara era como dar con una de aquellas palabras que jamás escuchó de su progenitor.

Una referencia
 
La ropa está muy cerca de nuestra piel y, en cierta medida, hace referencia a lo íntimo, muestra algo de nuestras características y remite a la feminidad de cada una. Las mujeres, cuando compramos juntas, hablamos de muchas más cosas que del producto que adquirimos; hablamos de cómo nos sentimos. Si vamos con una amiga, le preguntamos cómo nos sienta lo que nos probamos. Si lo hacemos con nuestra hija, señalamos sus virtudes o nos sentimos censuradas. Las dificultades y los acuerdos de la relación entre ambas salen a la luz en estas circunstancias. Cuando compramos junto a nuestras parejas, podemos utilizarles como espejo para saber hasta dónde provocamos y seducimos.

Las mujeres necesitamos interlocutoras válidas que nos ayuden a construir nuestra feminidad. La primera es la madre y después las hermanas y las amigas, que son las figuras femeninas de referencia. Ahora bien, la hija ha tenido que elaborar una cierta rivalidad con la madre que siempre se expresa en la adolescencia. Para ello, la madre tiene que ayudar a su hija a encontrar su lugar, pero sin abandonar el suyo. Algunas madres inmaduras rivalizan con sus hijas y no las valoran como mujeres, porque tampoco lo hacen con su feminidad. Más adelante, cuando estas niñas se convierten en mujeres, pueden mostrar algún conflicto para disfrutar de las compras en compañía femenina y siempre les gustará lo que la otra se pone, como si sus amigas sí tuvieran derecho a sentirse adultas, mientras que ellas se sienten inseguras.

El lado masculino

A los hijos varones, por lo general, no les gusta ir a comprar con la madre durante adolescencia, porque sienten que les infantiliza. En esta circunstancia, la madre seguiría vistiéndoles como cuando eran niños. Entonces acuden al padre porque necesitan compartir con él lo que se asocia a lo masculino, si bien los amigos son muy importantes porque con ellos buscan las señas de identidad de su generación.

LAS CLAVES

La posibilidad de que una mujer disfrute de lo que la moda le da depende de cómo quiera y cuide su cuerpo y sobre todo del conocimiento que tenga de sí misma. 

Comprar con otro es una forma de comunicarnos con él, de compartir algo de lo que queremos, de poner algo nuevo en nuestra vida. Es un juego que nos produce placer y felicidad, si no lo hacemos de forma compulsiva y sin darnos tiempo para disfrutar de ello. 

El mejor acompañante es aquél que sólo sugiere lo que le parece mejor, pero que no impone ni crítica. 

• En el caso de madres e hijos, si están en la adolescencia, hay que tener en cuenta que a los chicos les gusta ir más con los padres o con los amigos. Mientras la hija tiene que identificarse en algo y coger el testigo de la feminidad materna, el hijo tiene que separarse de ella para dejar de ser niño y aprender de otros cómo se convierte en un hombre.

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