Cuando alguien se lleva mal consigo mismo, no tolera sus limitaciones y critica todo lo que hace o cómo es está aliviando una necesidad de sentirse castigado. En nuestro inconsciente habitan impulsos que rechazamos por miedo, para evitar el dolor que nos produciría reconocerlos. Los juicios negativos impiden la sensación de bienestar que sólo proporciona el acuerdo con uno mismo.
Cuando cumples lo que te habías propuesto, ¿te sientes bien o te fijas en lo que ha quedado incorrecto? ¿Estás en una continua pelea contigo misma? ¿De dónde nace esta actitud? ¿Se puede modificar? Algunas mujeres se encuentran en un conflicto interno permanente, que se debe a un nivel de exigencia exagerado. Los juicios negativos hacia lo que se hace o a cómo se es impiden esa sensación de bienestar que sólo proporciona el acuerdo con una misma. Esto ocurre cuando criticamos mucho lo que hacemos, no estamos conformes con nuestra vida o no tenemos tolerancia para aceptar la distancia entre cómo somos y cómo desearíamos ser. Nos pedimos más de lo que podemos hacer, no toleramos nuestras limitaciones y agotamos energías en la pelea, lo que nos impide disfrutar de la vida.
Por lo general, esta situación se produce más allá de nuestra voluntad, porque el psiquismo tiene sus raíces en movimientos que no conocemos. Según el psicoanálisis, el psiquismo se compone de tres instancias relacionadas entre sí. En la denominada “ello” habitan impulsos y deseos que en muchas ocasiones son censurados por otra instancia, el “super-yo”, donde habita un sistema de valores que se organizan entre los tres y seis años, y constituye una conciencia moral.
Conciencia moral
Así pues, en los primeros años de vida se interioriza una serie de normas morales que nos conducirán en la vida. Entre estas dos instancias (el “ello” y el “super-yo”), se encuentra el “yo”, que hace de mediador y guarda relación con todo aquello de lo que somos conscientes y que podemos dominar. Muchas veces nuestro “yo” es empujado por deseos que, en principio, le parecen censurables. Las luchas dentro de nosotros mismos agotan las energías y causan estrés o falta de entendimiento con los otros. En nuestro inconsciente habitan impulsos que rechazamos porque nos causan miedo. Este rechazo se produce para evitar el dolor que nos produciría reconocerlos. Muchos de estos afectos se mantienen por asociaciones dañinas que se rompen cuando pueden hacerse conscientes.
Amor equivocado
María se pasaba el día incómoda consigo misma. No necesitaba que nadie le recriminara su actitud, pues ella se adelantaba a decir que se había equivocado en todo. Pero era especialmente en el amor donde se peleaba cada día más consigo misma. Pensaba que era culpa suya la complicada relación con su pareja, pues no había podido evitar enamorarse de un hombre casado. Quería dejarlo, pero no podía.
En la lucha entre cabeza y corazón, se imponía el corazón. Cuando se conocieron, él dijo que se separaría. Ella debía de haber intuido que mentía, aunque realmente era ella quien se mentía a sí misma. No entendía por qué se sometía a una relación abocada al fracaso. Se peleaba consigo misma porque deseaba dejar de depender de él y cada día se hundía más.
María acudió a una psicoterapia en la que comprendió algunas de las razones de su despiadada forma de tratarse a sí misma. Sus padres se separaron cuando tenía siete años. Aunque estaba apegada a su padre, tras irse él de casa se vieron poco. Para resistir lo que ella consideraba un abandono, culpabilizó a su madre de la separación. María la veía como una mujer exigente y egoísta, que acabó echando a su padre porque no le quería. María se negaba a aceptar que él se había ido con otra mujer. Para salvar la idea que tenía de su progenitor y no reconocer la sensación de abandono, se enfrentó a su madre, colocándose en el lugar de la amante de un hombre casado.
Por eso se sentía culpable y se recriminaba el daño que le hacía a la otra mujer. Cuando pudo ver cómo sus fantasías y deseos infantiles actuaban sobre su vida amorosa, pudo abandonar esa relación. Dejó de criticarse tanto, pues no necesitaba castigarse. Su relación consigo misma cambió. Durante este proceso, dejó de idealizar a su padre y aceptó, no sin dolor, el abandono que había sentido, lo que contribuyó a liberarla de la atadura que la sujetaba a él. Cuando alguien se lleva mal consigo mismo, o se critica mucho, alivia una necesidad inconsciente de ser castigado.
Las claves
Las peleas y la insatisfacción constante con uno mismo impiden el bienestar y provocan ansiedad y estrés. Éstas son algunas de sus causas:
• La culpabilidad inconsciente por deseos desconocidos. Se promueve un autocastigo constante que impide disfrutar de lo que se ha logrado: creemos que no lo merecemos.
• La hostilidad negada. Típica de las personas que nunca han logrado enfrentarse a unos padres autoritarios y que no han relativizado los confl ictos paternos.
• Baja autoestima. La dinámica emocional familiar puede crearla, si los padres han sido críticos. La sensación de no ser lo bastante buena presiona para buscar una aprobación que nunca se logra.
• Desconocimiento de los ámbitos de la propia identidad. Estas personas no se sintieron aceptadas. Las domina un impulso insaciable de ser queridas, pero no se sienten con derecho a ello.
EL LIBRO
Lo femenino
El psicoanalista Herbert Freudenberger reconoce el agotamiento como una patología que afecta a los dos sexos, pero que en la mujer tiene características específicas. Su libro “No puedo más” (Grijalbo) es un análisis riguroso sobre el fl agelo al que la mujer se somete cuando se precipita en una vida donde se le exige demasiado: lo primero es reconocer el estado de agotamiento. Después hay que controlar el esfuerzo del día a día, que cuando es excesivo perjudica la salud. Y ¿por qué se llega a esta situación? Se trata de algo complejo y que tiene muchas causas, desde el temor al rechazo hasta el miedo a la soledad. El psicoanalista da las claves para recuperarse y para prevenir las recaídas.