Por eso, las herramientas electrónicas se han convertido en una extensión artificial de la memoria, que utilizan, por ejemplo, las alertas de los teléfonos móviles o el correo electrónico.
El e-mail, además de utilizarlo para comunicarse con otras personas, es usado por el 30% de los internautas para recordar cosas y enviarse correos electrónicos a si mismo con información como links a páginas web que les interesan (57%), correos que han recibido en otras cuentas (56%) o información copiada de la red, que supone el 50%.
Un 41% se envía la lista de cosas que hacer en el día al correo personal, un 30% hace lo mismo con contraseñas y claves de acceso, un 27% hace impresiones digitales de pantalla (pantallazos), y un 24% lo hace sobre anuncios que le han resultado relevantes, para poder verlos más tarde.
Los usuarios que mejor responden a esta definición son los denominados “nativos digitales”, personas jóvenes que han tenido acceso a las nuevas tecnologías desde su infancia y las manejan con total naturalidad.
Pero sorprende también la cantidad de personas que han ido cambiando sus hábitos y que cada vez más confían en lo digital para organizarse. Sigue habiendo, no obstante, un grupo definido de personas que se resisten al soporte digital y confían en el papel para anotar su lista de la compra o cosas que hacer en el día.