Vivir en positivo

La seducción del lujo

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Como todo aquello que no es necesario para la supervivencia, el lujo está relacionado con los deseos que mueven a la sociedad. Quien lo alcanza se siente menos vulnerable

Cuando definimos algo propio como “un lujo”, es porque dejó marcas en nuestra historia emocional. Conseguirlo hoy es asegurarse en cierto modo el bienestar de ayer, cuando nos sentíamos protegidos y seguros dentro de la familia y veíamos cómo nuestros padres se vestían de forma especial para salir.

El lujo está asociado a las celebraciones. Y hay fiestas para el olfato (un perfume), para los oídos (una buena música), para los ojos (una obra de arte), para el paladar (una cena fuera de lo común), para la piel (un foulard de seda).... Como todo lo que no es necesario para la supervivencia, el lujo está relacionado con los deseos que mueven a las sociedades en función de sus propias características psicológicas o culturales.

El término bienestar engloba más de un significado. Pero, en cualquier caso, quien lo alcanza se siente fuerte, deseado, menos vulnerable. Ante las grandes preguntas que se hace el adolescente (¿quién soy?, ¿cómo soy?, ¿a quién me parezco?), muchos optan por adherirse a determinadas marcas (en este caso no psicológicas) que señalan a su generación y al grupo al que pertenecen. Éstas pueden ser de ropa, calzado o música. Les sirven para distinguirse de sus padres y conformar una identidad.

Los adultos permanecen con frecuencia fieles a determinadas firmas, que refuerzan también su identidad. Si bien es cierto que no conviene confundir lo que se tiene con lo que se es, tampoco hay que olvidar que todo lo que se desea suele estar asociado a lo que se quiere ser, aunque no se sea consciente de ello. La marca de la ropa, por ejemplo, o el estilo de los tatuajes señalan a su propietario como alguien particular y lo define ante la mirada de demás y ante sí mismo, pues le confiere una subjetividad única y personal.

Parte de nuestra seducción por el lujo está determinada por los gustos personales y de nuestra cultura, que busca siempre el reconocimiento del otro. Depender de la mirada de los demás para ser uno mismo es la paradoja consecuente al hecho de vivir en sociedad.


Señales de estilo

Carmen se tomaba un té con su mejor amiga en una cafetería mientras hacían tiempo para salir de viaje. Iban a encontrarse con sus respectivas parejas –socios de una empresa de informática– para pasar unos días de vacaciones, lejos de la familia y de las tareas cotidianas. Las dos parejas se habían regalado unas vacaciones porque estaban agotadas, pero Carmen estaba inquieta, pues su relación estaba resintiéndose de tanto trabajo y tan poco tiempo para los dos.

Entonces reparó en el escaparate de una perfumería cercana y fue hacia ella para comprarse un perfume. Aunque a veces cambiaba de marca, su fragancia favorita era una de Gaultier que le hacía sentirse tan estilizada como la forma que tenía el frasco. Cuando salió de la tienda se sentía más contenta. Su humor empezó a cambiar y mientras esperaban, se dio cuenta de que se sentía tranquila y recordó una frase de su madre que decía que hay lujos necesarios.

Para el amor y la seducción, el perfume con el que se identifica a la mujer habla de la seguridad en sí misma, eso que se nota pero no se ve. “Una mujer que cuida su fragancia se quiere”, afirmaba. Carmen recordaba que había conocido a su marido en una fiesta y la primera frase que él le había dirigido fue: “Me gusta mucho tu perfume”.

Ella le agradeció esta forma de acercarse, porque era sutil y le gustaban los hombres así. La compra de su perfume favorito (un lujo) había cambiado el humor de Carmen porque se había dado cuenta de que quería seguir siendo seductora para él, algo de lo que últimamente dudaba. Temía no seguir siendo deseada, pero su perfume le devolvió la seguridad de ser querida.

LAS CLAVES

Las marcas de lujo son señales que identifican a la persona con un estilo, un gusto y un poder adquisitivo. También pueden funcionar para asegurar la identidad en momentos de inseguridad. 

Todo lo que nos gusta tiene dos tipos de influencias: las que trasmite la cultura y el tiempo en que vivimos, y las personales, que dejaron marcado nuestro psiquismo en los primeros años de nuestra vida. El lujo que se busca hoy puede estar asociado a lo que los padres no tuvieron y anhelaron.
 
Las marcas de lujo producen la ilusión de ser invulnerable a los conflictos y de estar protegido contra las carencias

Las falsificaciones de esas marcas de lujo intentan cubrir el deseo de ser como aquellos que tienen más poder económico.

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