Pareja

Aceptar la ruptura

  • Aceptar la ruptura Aceptar la ruptura Paloma Corredor

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  • Lo habéis intentado todo. Hablar, hacer cambios, rectificar, ir a terapia... Pero no hay manera. Os rendís. Lo vuestro está roto y es hora de aceptarlo. Pero ¡cómo cuesta! Cuando se rompe un compromiso, se produce mucho dolor porque hemos invertido tiempo, recursos, esperanza... y nos hemos hecho ilusiones de lo que podría ser. Tenemos que replantearnos todo nuestro presente y las ilusiones futuras, explica Victoria Cadarso, psicóloga, terapeuta y autora de Botiquín para un corazón roto (Ed. La esfera de los libros).

Una oportunidad

¿Y ahora qué?, te preguntas. No te apetece encender la tele porque solo encuentras comedias empalagosas de chico conoce a chica y vivieron felices por siempre jamás. Apagas la radio porque no soportas las letras de algunas canciones. Y ni hablar de quedar a cenar con tus amigas... y sus maridos. Sí, está claro. En nuestra sociedad se sigue equiparando el romanticismo con la dependencia. Pero más vale espabilar. Así que, si no podías soportar la convivencia con esa rana que nunca se convertirá en príncipe, felicítate: has hecho bien en dejarlo.

Es hora de replantearte tu vida amorosa. De cerrar heridas, comprender qué ha fallado, conocerte mejor a ti misma para llegar a ser feliz. Una buena forma de empezar es revisar tus ideas sobre el amor. Uno de los factores que más nos condiciona son las creencias que tenemos sobre lo que debería ser la relación de pareja o matrimonio. Causan desilusiones cuando nos las creemos al pie de la letra, afirma Victoria Cadarso.

Vamos a repasar esas creencias peligrosas de la mano de la experta:
 
- El amor es para siempre. Los estudios aseguran que la fase de amor apasionado solo dura entre 18 y 30 meses. Después se convierte en otra cosa, ni mejor ni peor, pero diferente. Llegan las rutinas, las luchas de poder, el aburrimiento... que también se pueden superar para llegar a un afecto más profundo. Es un error creer que el amor sólo puede ser cama y arrebato o bien zapatillas y mando a distancia.
 
- El amor supera todos los obstáculos. Precioso... pero eso requiere un esfuerzo grande y continuo. O sea, que los dos pongan de su parte. Porque el amor no es un ente que nos posee y nos moldea, sino un estado que elegimos y requiere trabajo. Si lo alimentamos, puede con los obstáculos. Si no, es como una casa desordenada.

- Solo hay un amor verdadero. No es fácil encontrar a alguien especial, así que cuando ocurre podemos creer que hemos hallado a nuestra única e irrepetible alma gemela. Pero cuidado. Si en la primera fase de la relación sentimos una profunda unión y solo vemos lo bueno de nuestra pareja, en la segunda se manifiestan las diferencias y nos caeremos de la nube. 

- El amor es dar, sin esperar recibir. ¡Mentira! Si haces eso, tarde o temprano el resentimiento te invadirá y sacará de ti una furia que no sabías que pudiera caber en tu interior.

Si amas a alguien, necesitas estar siempre con esa persona. Error. Si eres incapaz de hacer nada sola no es amor, sino dependencia, y eso es una pesadez.

Las crisis y las rupturas nos dan la oportunidad de revisar todas estas ideas que nos hacen sufrir. Llevamos a cuestas muchos patrones heredados de nuestras familias y repetimos comportamientos de forma inconsciente, incluso aquellos que juramos no reproducir.

Arrastramos carencias emocionales, abandonos, inseguridad, etc. Y la pareja, con la intensidad de sentimientos y la intimidad que conlleva, es un espacio donde todo ese cóctel explosivo se activa.

Pero una ruptura bien gestionada es el comienzo de una nueva etapa que nos puede ayudar a crecer como personas, abrirnos a un nuevo amor o, simplemente, aprender a ser felices sin necesidad de una relación.
De cero a diez

0 Se acabó, pero decides que no vas a contárselo a la gente. No te apetece que lo sepan tus parientes o los compañeros de trabajo ni sabes muy bien qué decirles a los niños. Ya lo harás. El problema es que no estás aceptando los hechos y te estás negando la posibilidad de pasar página.

1. Dejas de arreglarte. Total, ¿para qué? ¿Quién lo va a apreciar? Estás subida a una montaña rusa emocional y no tienes fuerzas más que para cumplir con tus obligaciones. Lo mismo le echas de menos desesperadamente que te desborda la euforia. Estás agotada: lo último que te apetece es prepararte una sofisticada ensalada para cenar.

2. No soportas la situación. Necesitas hablar con tu ex, comprender, oír su voz, verle. Quedas con él pero acabáis discutiendo y tú hecha un mar de lágrimas. Y aun así, no dejas de escuchar vuestras canciones o comer su plato favorito. Evitas las confidencias con tu mejor amiga porque no quieres hablar de tu relación en pasado. Sabes que no es sano, pero solo piensas en él.

3. Cansada de llorar, comienzas a enfocarte en lo que no funcionaba. Dejas de estar triste y ahora estás rabiosa. Le culpas de todo. No le quieres ni ver y deseas vengarte. Fantaseas con un juicio de divorcio en el que esquilmarle, con ridiculizarle... Uf, ¡pero esto también es agotador!

4. Cualquier canción de amor o situación con una carga emocional te desborda. Y llega un momento en que explotas. Comprendes que necesitas echar fuera muchas cosas y por fin te das permiso para empezar a descargar. Ahora sí, llamas a tu mejor amiga y te desahogas hasta quedarte sin voz, sabiendo que ella te va a escuchar exactamente como necesitas: sin juzgarte.

5. Es hora de hacer cambios. Decides empezar por pequeñas cosas simbólicas que te prepararán para una transformación mayor. ¿Sugerencias? Guarda (no hace falta que las tires o las quemes en la hoguera... ¡reserva tus fuerzas!) las fotos de pareja. Tira sus camisas viejas y haz sitio en el armario y en tu vida para lo nuevo. Recuerda que los gestos simbólicos y los rituales nos ayudan a pasar etapas.

6. Por fin te sientes capaz de aceptar la situación, empezar a vivir el presente y planear un futuro sin él. Te niegas a convertirte en una eterna Penélope, enganchada a un pasado ideal que solo existe en tu imaginación y que te impide avanzar. Enhorabuena por tu valentía: has decidido salir del victimismo y eso te abrirá nuevas y sugerentes puertas.

7. Empiezas a cuidarte y dejas de maltratarte a base de dejadez. Sigue así. En vez de esperar que te llame, queda con una amiga o anímate a apuntarte a clase de salsa. Cuando compruebes que la vida sigue, te sentirás más fuerte.

8. Ya estás preparada para hacer el duelo. Comprendes que mejor sola que mal acompañada y que si una pareja se rompe es porque en el fondo ambos saben que pueden hallar la felicidad en otro sitio. Y tú vas a encontrar la tuya.

9. Tu nueva actitud te ayuda a liberarte de la tristeza y la rabia. Por mucho que sea duro comprender que la persona con la que has convivido durante años de repente se ha ido, te niegas a culparle. Te aprecias demasiado a ti misma como para convertirte en una rencorosa que habla de los hombres como del enemigo, o en alguien con la autoestima por los suelos, incapaz de atraer a una pareja que valga la pena. ¡Te mereces más!

10. A partir de ahora decides enamorarte de ti misma, para que también otro se pueda enamorar de tus cualidades, proyecciones e inseguridad. Extraes la lección que le grajo la ruptura y perdonas, sabiendo que esto significa dejarle ir sin rencor ni remordimientos. Estás abierta a la vida ahora lo más importante es er feliz para poder compartir esa felicidad.

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