Isabel Menéndez

Autor: EL CORREO
Un bebé ocupa más espacio del que podemos imaginar; y ese entorno remite, sobre todo, al mundo emocional de la pareja: dejan de ser dos y aparece una estructura familiar más compleja. Es muy importante saber cuidar la relación de pareja.
Nadie nos enseña a ser padres, pero los hijos nos colocan en ese lugar. Somos padre o madre porque alguien nos llama así, otorgándonos un sitio que determina para siempre su vida y la nuestra. Los padres comienzan a serlo antes del nacimiento del hijo. Tienen que preparar su llegada: lo quieren, le ponen un nombre, lo imaginan, le dan un espacio en sus vidas... Su llegada implica que dejan de ser dos, pero tendrán que cuidar ese espacio para apoyarse mutuamente en sus nuevas funciones.
El oficio de padre remueve los cimientos de nuestro ser: nos remite a lo que ya hemos vivido, pero que no alcazamos a recordar; a nuestro mundo emocional. Dentro de la complejidad de tener un hijo, todo será más sencillo si tenemos bien organizada la relación con nuestros padres.
Esto consiste en haber renunciado a ser su centro de atención, en haber superado la relación edípica, que deja a los hijos prendidos de las figuras paternas, en un lugar infantil que no les permite desbancar a sus progenitores y convertirse a su vez en padres. La mujer debe dar a su pareja el lugar que le corresponde como padre y éste, ocuparlo, protegiendo a madre e hijo.
El caso de Berta
Berta acostó a su hijo Raúl, de nueve meses, y se dejó caer sobre el sofá. Su malhumor se transformó en tristeza. Su marido había llamado de nuevo para decir que llegaría tarde. Los dos habían deseado hijos, pero él se escaqueaba y cada día ayudaba menos.
Cuando Jorge llegó, comenzó una discusión que pronto fue interrumpida por el llanto de Raúl. ¿Por qué este hijo tan esperado desequilibró la relación de pareja? Su llegada colocó a Berta en un nuevo papel, parte del cual se realiza con la historia vivida como hija. Ella, de niña, se había sentido abandonada, sin cuidados maternos. Identificada con su madre, temió no saber cuidar a un niño.
Cuando Raúl nació, se volcó en él para compensar su propio desamparo infantil. Jorge sintió celos de la relación de su hijo con su mujer y se retiró de la escena porque se sentía innecesario. Ninguno de los dos había podido conseguir que la ecuación de ser padres y pareja funcionara. Berta empezó a sentir resentimiento hacia Jorge y a pensar en la separación. Acudió a una psicoterapia y descubrió que, en cierta medida, ella no dejaba espacio a Jorge.
En su afán de proteger al niño se había pegado a él. Su madre no había sabido quererla lo suficiente, pero siempre había intentado ser el centro de atención de sus hijos, porque, decía, “había vivido sólo para ellos”. Esta frase levantaba ampollas en el frágil mundo emocional de Berta. En parte era cierto: su madre nunca había dado muestras de que su marido le importara. Y éste, un hombre pusilánime, tampoco había ocupado su lugar como padre.
Preguntas necesarias
¿Estaba repitiendo el modelo materno? Cuando Berta comenzó a hacerse estas preguntas dejó de reprochar a Jorge sus fallos y se acerco a él. Éste, al sentirse menos criticado, recapacitó sobre sus dificultades para ocupar el lugar que le correspondía.
El sentimiento de culpa inconsciente acerca de los padres es lo que más entorpece la relación de pareja. En vez de resolverla, echamos al otro la culpa de no estar a la altura. El amor ayuda a resolver los avatares que comienzan cuando nace un hijo.
¿Qué nos pasa?
• La llegada del primer hijo pone a prueba la estabilidad psicológica de la pareja. Un niño que crece sin problemas es la mejor señal de una buena relación amorosa.
• El cansancio y la inseguridad son lógicos y conviene compartirlos con el otro. Si ella lanza reproches al marido y él siente celos del hijo, la pareja se deteriora.
• Nombrar las dificultades y reflexionar sobre ellas es la mejor forma de resolverlas.
• Si el bebé crea distancia en la pareja, ambos deben reflexionar sobre su relación con sus respectivos padres.
¿Qué podemos hacer?
• Si tras la llegada del primer hijo hay un deterioro en la relación de pareja, es porque su vínculo no era sólido. Es probable que sean muy dependientes y que no hayan resuelto la relación con sus progenitores.
• Reservar un poco de tiempo para la pareja es importante, aunque al principio sea difícil.
• Todos tenemos una herencia emocional que nuestros padres nos transmiten. Los padres tienen un niño imaginario en su cabeza. Más tarde irán acoplando sus deseos a las necesidades del hijo real.