Isabel Menéndez
Si al elegir al otro sólo se intenta tapar los propios vacíos emocionales se corre el riesgo de descubrir, con el paso del tiempo, que se duerme al lado de un desconocido. La relación sólo durará si lo que vemos en el otro es más importante que lo que echamos en falta.
“Nosotros, que nos quisimos tanto, que fuimos tan sinceros...”, decía el bolero que Laura escuchaba en la radio y que le recordaba los primeros tiempos de su relación de pareja. Se sentó a la mesa de la cocina para seguir oyendo la canción: “Debemos separarnos, no me preguntes más, no es falta de cariño, te quiero con el alma, te juro que te adoro y, en nombre de este amor y por tu bien, te digo adiós”. Entonces, comenzó a llorar. Enrique se había ido, siempre se iba cuando tenían algún problema, a pesar de lo cual ella se sentía bien. No entendía por qué a veces se encontraba mejor sola. Aquel hombre al que había querido tanto ahora tenía la capacidad de irritarla. Su incomunicación era grande y las cosas que a ella más le importaban jamás podía compartirlas con él. Nunca se sentía acompañada a su lado. La educación de sus hijos adolescentes, en la que jamás estaban de acuerdo, era siempre un conflicto. Tampoco la apoyaba en su trabajo y cuando se encontraba cansada él la recriminaba que no sabía organizarse. En ocasiones pensaba que lo mejor sería separarse.
¿Pero por qué les pasaba esto? Ambos sufren conflictos que desconocen. Laura tiene un padre en el que nunca se pudo apoyar y que produjo en ella una sensación de abandono que ahora le evoca Enrique, que no puede escuchar las dificultades que tienen. Él, por su parte, se siente criticado y poco querido; también padeció la figura de un padre ausente, con el que no era fácil identificarse y del que su madre tenía mala opinión. Laura intenta compensar su historia infantil y Enrique se aleja de ella porque exagera la crítica que su mujer le hace, pues le devuelve laimagen de un padre irresponsable que le recuerda al suyo. Entonces él se va para que ella no vea sus carencias y ella revive su soledad infantil.
¿Cómo vemos a la pareja? ¿Por qué después de un tiempo el otro ha cambiado tanto? ¿Cómo aquél al que comenzamos amando se convierte en alguien a quien podemos rechazar? ¿Nos engañó o nos engañamos?
En el encuentro amoroso estamos dominados por modelos de relaciones afectivas que son parte de nuestro mundo emocional. En ocasiones, la mirada hacia el otro la conduce el deseo de tapar vacíos. La pareja viene a cubrir algunas de nuestras carencias y a ayudarnos a realizar nuestros deseos. Muchos de los impulsos que nos hacen elegir son inconscientes, jamás sabremos del todo lo que nos llevó a amar al otro, aunque sí podemos averiguar ciertas razones si indagamos en nuestro mundo interno.
Todos cambiamos. Los encuentros amorosos en la edad adulta son, en parte, reencuentros con los misteriosos lazos que nos unen a nuestros primeros objetos de amor: madre, padre... Con ellos, si todo fue bien, quedó enlazado el afecto y la ternura y aprendimos a querer a otros.
Cuando vemos a la pareja como a nosotros nos gustaría que fuera, porque deseamos que cubra nuestras dificultades, aparecerá la decepción. Entonces nos asombramos de que haya cambiado, pero quizá lo que ha cambiado es nuestra forma de mirarle. Nuestra pareja cambia con el tiempo, igual que nosotras, y tenemos que hacer reajustes amorosos para que la relación se fortalezca con el paso de los años. Hay varios errores que perjudican la manera de mirar a nuestra pareja. Los principales son: creer que lo sabemos todo sobre él y pensar que el amor se alimenta por sí solo y no necesita cuidados.
Nunca llegamos a conocernos del todo a nosotros mismos y, por tanto, no deberíamos creer que lo hacemos con nuestra pareja, siempre tendríamos que tener curiosidad por intercambiar con él información. Y pensar que el amor se da sin tener que poner por nuestra parte algo de generosidad en aceptar sus dificultades y reconocer nuestros errores es un error.
¿QUÉ NOS PASA?
• Se puede elegir una pareja que cubra algún espacio interno que tenemos en confl icto. Podemos escoger, por ejemplo, a un hombre muy protector porque queremos cubrir una sensación de desamparo.
• Sin embargo, el amor se construye cuando aceptamos al otro como es y no sólo como deseamos que sea. Pero para ello cada miembro de la pareja tiene que haber aceptado sus difi cultades.
• En ocasiones, no se acepta bien que la relación varíe con el tiempo. Se pretende que se siga como al principio y comienza a abrirse el tiempo de los reproches.
• Si hemos elaborado de forma adecuada la relación que tenemos con nuestros padres, tendremos más posibilidades de ver a la pareja como es y no sólo como deseamos que sea.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
• Cuando la pareja nos defrauda, tenemos que preguntarnos por qué esperábamos de ella más de lo que nos podía dar. Así, nos engañamos respecto a las expectativas.
• Si reflexionamos sobre lo que nos gusta del otro, estamos refl exionando sobre nosotros mismos: sobre lo que deseamos, lo que no tenemos y lo que queremos compartir.
• Cuanto más conozcamos nuestro mundo emocional, mejor sabremos qué nos ocurre con nuestra pareja.
• La elección amorosa depende de la actitud inconsciente frente a los padres.
• Conocer las claves que nos condujeron a la elección de la pareja desemboca en el conocimiento de nosotros mismos.