Pareja

Toma nota: Las claves de la pareja feliz

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¿Cuáles son los puntos fuertes de las parejas que duran y son felices? Para empezar, que ambos queden embrujados por el olor del otro.

No hay mucho que hacer con respecto a la fragancia personal de nuestro/a amado/a (excepto si se trata de algún olor fuerte del que puede prescindir usando algún producto). Si no es así, o nos encandila o, simplemente, no nos conmueve y, por tanto, las cosas están difíciles.

Si no sientes una nube de sentimientos y emociones cuando te acercas a tu pareja y la hueles, si no te flaquean las rodillas, hay algo que no funciona. No se trata de su perfume, colonia o loción para el afeitado. Es algo más sutil que nuestra parte animal detecta inconscientemente y que despierta nuestro deseo. Supongamos que el olor de la pareja nos motiva. La atracción sexual está asegurada en los primeros tiempos de la relación. Sin embargo, la convivencia desgasta y puede pasar factura.

Una pareja es una negociación permanente, que puede ser placentera y hasta divertida, e implica un trabajo de ambos para que sea satisfactoria y feliz.

Flexibilidad y tolerancia. Para tener un compromiso largo y feliz, los dos miembros de la pareja tienen que ser flexibles. Esto significa que cada día tienen que estar abiertos a hacer cosas diferentes a la forma en que desearían porque ésta no encaja con la pareja. A veces debe ceder uno, a veces otro y a veces, los dos.

Planes de futuro. Es necesario tener proyectos comunes y pactar, hablar y soñar sobre la forma de llevarlos a cabo. También es preciso que algunos proyectos cristalicen.

Buen sexo. El sexo es uno de los pilares de una relación. Los dos tienen que tener una forma similar de entenderlo y estar dispuestos a complacer al otro y a dejarse complacer. El sexo es imaginación y entrega.

Evolución. Tanto la pareja como cada uno de sus miembros cambian con el tiempo. Ambos tienen que adaptarse y procurar evolucionar juntos. Asimismo, hay que asumir que pueden producirse altos y bajos en la relación de pareja sin que esto signifique, necesariamente, el fin. Algunas parejas evolucionan hacia una fuerte e intensa amistad en la que, quizá, se ha perdido algo de pasión, pero la confianza en el otro es total. La pregunta clave es: ¿qué esperas y deseas de una relación?
 

Asumir que nadie nos va a querer exactamente como queremos que nos quieran. Ninguna persona va a encajar exactamente en nuestros deseos como lo haría la pieza contigua de un puzzle. Sin embargo, en la diversidad y en las diferencias está el encanto.

No apostar por el cambio. Si partimos de la base de que la pareja tiene que cambiar para que la relación funcione o damos por hecho que va a cambiar, nos vamos a pillar los dedos. Puede haber pequeños ajustes, pero nunca cambios radicales en la forma de ser. Al menos no para bien.

Comunicación. Con diferencia, es la palabra que más se utiliza cuando hablamos de la salud de la pareja. Sin embargo, es el concepto que menos se usa. Con calma, hay que estar dispuesto a comunicar al otro cómo nos sentimos, qué queremos y si hay algo que nos ha molestado y, sobre todo, también hay que saber escuchar. Por mucho entusiasmo y enamoramiento que haya en una pareja, la relación no crece sola.

Interpretar de forma positiva. Hay dos formas extremas de entender las cosas: de forma negativa y de forma positiva. Cuando la pareja diga o haga algo que nos molesta, no debemos pensar que lo hace con mala intención ni mucho menos contraatacar. La guerra no favorece a ninguno de los dos. Y si, realmente, pensamos que actúa con mala intención o estamos en guerra, quizá es el momento de decir adiós.

Un punto de independencia. Las parejas que se cierran en sí mismas acaban ahogándose. No se trata de hacer una vida totalmente independiente, pero sí de tener algún espacio propio, aficiones y, sobre todo, cuidar a los amigos, que son muy importantes.

Respeto. Por la forma de ser y de pensar del otro y por sus inquietudes y aficiones. Tampoco hay que perder el respeto en una discusión: no se trata de ganarla a toda costa y dejar al otro por los suelos, sino de llegar a un acuerdo. A corto y medio plazo, toda descalificación dicha en un momento de ira o de rabia deja unas heridas que son difíciles de cerrar. Igual de fundamental que el respeto al otro es el respeto por uno mismo. Si uno mismo no se valora ni se hace valorar, la relación está condenada a la infelicidad y al fracaso.

Aspiraciones realistas. La persona perfecta no existe. Nadie va a darnos todo lo que necesitamos justo en el momento en que lo necesitamos, al igual que nosotros tampoco podremos dárselo. Sin embargo, con problemillas, dificultades, malentendidos o problemas, una relación debe basarse en la confianza, en la comprensión, en el apoyo y en la amistad.

No olvidemos nunca que estas características y actitudes deben darse por las dos partes. Bien mirado, por simple ley de probabilidades, es más fácil estropear una relación que hacer que funcione, puesto que sólo se necesita uno para fastidiarla y se precisan dos para que crezca. Sin embargo, el amor es tan apasionante que, ¿quién no está dispuesto a dejarse arrebatar por la vorágine de compartir y amar?

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