Carta para...
Anónima
Escribo esta carta desde el otro lado del charco tratando de buscar en mi mente tu imagen en movimiento en toda su intensidad. Es que te miro, te escucho, te leo y me gustas, me llenas, me complementas…
¿Sabes? Es extraño sentir que nadie me conoce tanto como me conoces tú… cuando en verdad no me conoces.
Conoces mi alma, mis sentimientos, la profundidad de mi corazón y no nos hemos encontrado físicamente. Es cierto lo que dices, tenemos conexión mental y espiritual, pero nunca nos hemos tocado, olido o saboreado…
Cuando ya me habia convencido que el amar y sentirse amado es una historia que no me pertenece, que es cosa de la vida de otros, apareces tú y me dices: “yo he sido un hombre con suerte, al que las mujeres han amado mucho”.
¿Cómo no hacerlo, me pregunto yo?, si tu energía traspasa cualquier distancia y tu seguridad en ti mismo embriaga. ¿Cómo yo, que nunca he sido correspondida con la misma intensidad de mis sentimientos, puedo tener tanto en común contigo?
He preguntado tanto a mi ordenador si las relaciones virtuales tienen futuro, y la respuesta es la misma: como la vida, a veces si, a veces no. Me han dicho que deje de vivir de sueños, que cuando despierte habré perdido parte de mi vida, pero ¿qué sueños son estos que llevan mi mente y mi alma al otro lado del charco?, ¿qué sueños son estos que hacen que digamos las mismas cosas al mismo tiempo? ¿qué sueños son estos que nos muestran nuestros miedos, enojos, pasiones, sentimientos, sensaciones y gustos como un espejo? ¿qué sueños son estos que nos llevaron a conocernos estando en distintos lados del charco?
Pienso, somos dos adultos, profesionales, que arrastran un pasado, padres y madres, hermanos y amigos, con sus vidas encaminadas, ¿quién saltara al vació? ¿Quién cruzara el charco? ¿Quién me despertara lo que tú me despiertas si tú no lo haces?
No tengo miedo, he fracasado, me han malherido y siempre he sobrevivido. Yo ire por ti, me arriesgare y ¿sabes? No tengo dudas de ti…