Querida Isabel:
Han pasado por lo menos seis años desde que dejaste de ser mi compañera, y en los últimos meses, no hago mas que reprocharme lo mal que me porte contigo. Lo peor de todo fue que no te hice nada, sino que conscientemente, omití prestarte ayuda cuando estabas siendo destruida por un individuo despreciable y yo no supe verlo, bueno fríamente te digo, que no quise verlo. El pasado no puedo deshacerlo, pero si contribuir para el futuro.
Seguramente ya estas muy por encima de mis palabras, pero te escribo para: uno, pedirte perdón, y dos, para comentarte que me encuentro en la misma situación que tú, y lo estoy pasando francamente muy mal. No se como pude ser tan idiota de no darme cuenta, que nuestro queridísimo jefe me utilizó para hacerte la cama y con ello forzar tu salida de la empresa. Ahora hay una nueva yo, y yo soy tu, es insoportable.
He generado tal impotencia, que estoy convencida que era la misma que la tuya, la misma que te impedía hacer tu trabajo, la misma por la que nunca llegabas a tu hora, la misma, en definitiva, que te fue haciendo cada vez más y más pequeña hasta que desapareciste.
Ahora me doy cuenta que estaba equivocada, no se han cumplido ninguna de las promesas que me hizo, que lo que tanto deseaba, que por supuesto era tu puesto, llegar a ser su mano derecha, nunca ha llegado y en lo único en que me he convertido a sido en su esclava, en una marioneta movida por sus hilos y por mis miedos. Es tan frustrante.
¿Te acuerdas de mi puntualidad? Era consciente que estar sentada antes que tú, me daba puntos, que salir después que tú, e incluso después o a la vez que él, también. ¡Qué idiota fui! Ya no puedo, como te he dicho antes, volver al pasado y cambiarlo, pero mira ahora, Dios para mi el destino o la vida para otros, me ha colocado en tu misma situación.
Pero aun no te he comentado lo mejor, como a ti también, otra persona de dentro jugó con tus sentimientos, con tu corazón, en un momento de tu vida que necesitabas un abrazo y alguien lo supo interpretar a la perfección y se aprovecho. Pues bien querida , de mi corazón también se han aprovechado, ¿te sorprende? La misma persona y también, después, he sido negada e incluso despreciada como lo fuiste tú, cuando llegado el momento pediste que alguien te echara una mano.
!No! no puede ser, estarás pensando. Pues si, tal y como te lo cuento, me he quedado completamente sola y de verdad que eso no es lo peor, de veras, lo peor es levantarme todas las mañanas sintiéndome culpable por no haberte ayudado, por haberte dado la espalda, que mala compañera fui . Lo siento.
Aunque esta sea una carta personalizada y un caso real, con nombres y apellidos, quiero hacer una llamada de atención a todas las mujeres que tenemos compañeras. No merece hacer daño a una compañera con la sola intención de ganar puntos ante un jefe sin escrúpulos. Lo estoy pasando francamente mal pero en el fondo me lo merezco. La igualdad y ese tipo de feminismos ahora tan de moda, empiezan por este tipo de cosas, por ayudar a la compañera que tienes al lado cuando ves que día a día la están machacando.
Yo ya no puedo hacer nada por Isabel, lo que me consuela es saber que esta bien y que yo estoy pagando por ello No seáis tontas no creáis que vuestro jefe machaca a tu compañera porque se lo tiene merecido y en favor tuyo. Recordad, quien machaca una vez lo hace otra.