Cajón desastre

A Juan, el bombero

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La gente de campo, dicen que son provocados. Muchos están enfermos, son los pirómanos, sueñan con ser Herodes, disfrutan con ver el fuego como consume la vida del bosque y como asustan a los pobladores de las casas cercanas. Los desaprensivos esperan con la quema aprovecharse del terreno ahora sin valor para especular con él.

Rayos, fuegos mal apagados, una colilla etc. accidentes que en los secos pastos hacen que se extienda rápidamente. Siempre esperando que suene la sirena sentados en las salas viendo la televisión, comiéndose el bocadillo que su mujer preparó con cariño, jugando a las cartas con sus compañeros hay esos jóvenes en su mayoría hombre que se sienten orgullosos de sus hazañas. En pocos segundos están dentro de su camión poniéndose la ultima prenda para...no saben hasta que no están sentados a donde van.

Hay salidas a rescatar un gato que se ha subido a un árbol y no sabe bajar, niños que por una travesura o no haber visto un pozo han caído y están asustados, muchos accidentes de tráfico que necesitan de su ayuda para sacar a gente atrapada...

¡¡¡¡El bosque se quema!!! Rezan, miran al cielo y siempre la misma súplica… buscan caminos para empezar su labor… salvar vidas, casas, animales, enseres. El miedo se lo han dejado junto al bocadillo inacabado o entre las cartas de la partida. Allí solo reina la solidaridad, el valor y la entrega al desconocido. 

 Cuando uno se va, la gente de buen corazón se pone de luto, todos los corazones de bien dan las gracias, a ese hombre que por salvar vidas de desconocidos, animales pequeños del bosque, árboles centenarios, plantas autóctonas y propiedades, ha dado su vida. El corazón se encoje cuando ves como viene otro con el traje de ignífugo a sustituir al que se ha ido.

Todos callan no se ven sus lagrimas pues se protegen con sus cascos, disimulan sus lágrimas con el sudor que inunda todo su cuerpo. El miedo esta ahora junto a ellos, de pronto misteriosamente se ha colocado al lado de su valor y luchan por el dominio de uno. Hombres de caras desconocidas, de almas grandes, de valor incalculable, desde mi sillón y viendo como enterráis a vuestros amigos, os doy las gracias.

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