Esa foto que tanto te gusta ver de cuando eras bebé, que llevas un pantalón tejano y una camiseta a rayas blancas y azules, tiene una carga emocional importante para mí. Llegó en un momento agridulce
¿Recuerdas cuándo nos conocimos? Hacía mucho calor y había un lugar en tu casa, en aquel chalet de las afueras de Toledo, especial. Era una de las terrazas en las que el ligero viento refrescaba aquellas horas de la siesta de septiembre de 2004. Mamá se fue a descansar, no la dejabas dormir, el primer año de tu vida te lo pasaste enfadado, sólo querías estar en sus brazos y llorabas todas las noches.
Me senté cómodamente y hablamos. Tú me escuchabas atentamente. Sin duda ha sido la conversación más importante que hemos tenido hasta el momento y dudo que haya otra tan especial. Con el trinar de los pájaros como fondo. Con solo el ligero susurro del viento, tú y yo hablando. ¡Quién ha dicho que un bebé no habla! Tú si lo hiciste… a tu manera.
Te conté muchas cosas de mí, quise que me conocieras de primera mano, sin intermediarios. Te hablé de tu familia. Abuelos, bisabuelos, tíos abuelos etc. Mientras, bajito, te iba contando de dónde venía cada uno de ellos, tú me contestabas estirándote plácidamente, sonriendo y cogiendo el dedo de mi mano izquierda. En algunos momentos que te parecía que me emocionaba me apretabas con más fuerza y tu gemido me hacía comprender que entendías el porqué de mi voz entrecortada.
A pesar de la distancia estamos en contacto. Poco a poco te vas convirtiendo en un chico moreno, con grandes ojos negros, como tu mami. En eso de los parecidos nunca opino, ¡para que discutir! te pareces mucho a tu mamá, ¡sí!, ya sé que todos dicen que eres igualito a tu papá pero… yo veo a mi niña cuando era pequeña en tí, y eso es lo que a mí me importa.
Como te dije en aquella primera conversación profunda: Sé siempre un hombre bueno. Respeta a las mujeres. No dejes de ser siempre tú. Llora, ríe y vive el momento que te toque vivir, bueno o menos bueno con dignidad. Mira siempre la belleza del cielo, no importa que llueva o haga frío. Que en tu corazón siempre sea primavera. Respeta a los mayores. Las cosas se hacen viejas. Las personas son mayores. Nunca te rías de una minusvalía.
Si encuentras en el camino de tu vida a una persona que la tiene y deseas compartir con ella algo más que una simple amistad, no le hagas daño, no es noble jugar con los sentimientos de nadie y menos de una persona que suele ser más sensible por su problemática. Trabaja honradamente. No te quieras hacer millonario a través del juego. No mientas, hay que tener muy buena memoria para sostener una mentira y no vale la pena, al final… siempre sale la verdad.
Nunca olvides que tu madre no te ha traído a este mundo para amargarte la vida. Si en algo falla es porque no sabe hacerlo mejor. Nunca porque no te quiera, para ella eres y serás siempre todo. Rígete siempre por la frase: "¿me gustaría que me lo hicieran a mí?",
Firmado: YAYA