Te deje en el aeropuerto a las 9:15 de la mañana de un 12 de Noviembre. Me dabas la espalda y no mirabas hacia atrás mientras te dirigías hacia la puerta que te llevaba a un mundo nuevo. Mientras, una lagrima recorría mi mejilla.
A las 10:15 el avión salía, tu te ibas. Cuando el reloj marcó la hora sentí algo extraño. Te fuiste. Necesitaba estar sola, escapar de todo el bullicio y de todos los que no me entendían, por eso lo pensé y... volví al jardín. Siempre había sido el lugar del reencuentro, cuando necesitábamos vernos; también del sentimiento, cuando por estar lejos el uno del otro íbamos a pasear por allí y nos sentíamos, e incluso del arrepentimiento, porque cuantas veces me he arrepentido de cuantas cosas en nuestro banco.
Abrí la cancela y todo estaba extraño, porque allí se sentía tu ausencia, aunque tu perfume seguía en el aire. Me paré y pensé que quizá por esto tú te hacías tan presente pero en seguida me di cuenta que no, que era por todo, ya que todo aquel lugar eras tú.
Era una sensación extraña pero se encontraba en cada rincón el matiz andaluz que me había contagiado tantas veces, ese que habías dejado con el paso del tiempo. Miraba a mí alrededor y veía flores de mil colores por todos los lados, la fuente del centro con el tintineo del agua al caer y por supuesto la vieja cancela de forja y su suave chirriar. De pronto se hizo presente la calida brisa de la primavera, que también estaba llena de ti, llevaba tu aroma e incluso su sonido eras tú porque me pare a escuchar y era tu voz por todos lados. Aquello era extraño, hasta sentía tu mano acariciar mi mejilla sólo cuando la brisa se acercaba rozándome. Incluso podía sentir como entrelazábamos las manos, en la fuente, cuando dejaba correr el agua entre mis dedos.
Me di cuenta que de pronto acariciaba las flores, saque la otra mano de mi bolsillo, y las cortaba y ordenaba junto al banco. Todo esto lo hacía porque pretendía que todo estuviese bonito cuando llegases, y en ese instante me di cuenta...porque ya no estabas.
En ese momento estaba en el centro del jardín, en el centro de todo aquel lugar que juntos habíamos creado y parecía que en aquel momento ese centro me estaba engullendo. Sentí un escalofrío que me hizo abrir los ojos, que me hizo pensar que estabas allí pero que me hizo sentir que nada era lo percibido. Aquel lugar lleno de tantas cosas, con la brisa, las flores, el agua ...todo era conocido, lo había visto y sentido mil veces pero todo me había vuelto a engañar.
Un sentimiento extraño me sobrecogió al darme cuenta de que tú no estabas allí. De que nada de lo imaginado había ocurrido ya que no me habías acariciado ni me habías susurrado, y es que tampoco entrelazamos nuestras manos.
Me di cuenta que ni verías las flores que esa tarde había cortado y de un manotazo las tire al suelo. Al instante me arrepentí y comencé a colocarlas de nuevo, porque no vendrías pero sabía que en la lejanía lo sentías y no te gustaría lo que había hecho. Por eso las recogí y las coloque, sabía que me sentías, porque era parte de ti y estaba segura de que querías que las volviese a coger. Y me di cuenta que yo, mientras, tenía algo grande ya que podía sentir tu ausencia y eso era grande porque estaría esperando siempre el reencuentro.