Carta para...
Sollozos y gemidos derramados desgarran el lecho donde arranqué temporales de perpetuos desafíos a la muerte.
Coqueteos con veneno en la espiral de los límites de la que hoy soy esclava.
Ataduras de mi existencia a una figura que rasga sin aparente razón la voluntad.
Ausencias detenidas por el tiempo que, crueles, se arraigan a las entrañas.
La huella surreal de un cuerpo ilusorio que nunca debió ser contrastado con la realidad aún presente en unas sábanas, todavía impresa en un cuerpo por un cuerpo al que permanezco encadenada.
El alma agotada. Furia presente hora tras hora que vaga lacerando recuerdos en la piel.
Tormentas de rabia contenidas, espasmos sólo cesados por naúseas sangrientas.
Heridas de guerra, llagas de amor. Mi peor yo.