Esta columna, es con motivo de una foto que he visto de una modelo luciendo con alegría una tripita, ya flácida, señal de que es una mujer que ya ha traspasado la edad en la que todo el cuerpo se halla en toda su plenitud. Esta imagen de esta señora es la realidad de cómo somos la mayoría de la gente, de cómo cambiamos todas las mujeres con el paso del tiempo.
Probablemente esta señora no es el prototipo de lo que mandan los “cánones”, o de lo que más bien nos están exigiendo desde bien jovencitas, pero es bonito que se vea sin reparos ni vergüenza los estragos que el tiempo causa en todo el mundo, sean modelos, actrices, o personas normales.
Al igual ocurre con los hombres, no todos tienen los músculos de acero, prueba de las horas que se pasan ejercitándose en un gimnasio. No todos los hombres después de llegar del trabajo desean machacarse haciendo pesas, solo para que se le vea con un aspecto saludable. En la adolescencia, e incluso mucho después, los chicos, sobre todo las mujeres, caemos en la gran trampa que nos tiende la sociedad. Todos nos hablan de la belleza exterior, es más, yo diría más bien que es uno de los primeros requisitos que nos piden a la hora de acudir a una entrevista de trabajo.
Ante esto yo me pregunto: ¿ Es mejor trabajadora una mujer guapa, que otra menos agraciada? ¿Resulta más productivo una mala secretaria, pero esbelta y atrayente? ¿No será mejor que sepa realizar correctamente su cometido?
Se debería valorar la capacidad de las personas no por su belleza o buen tipo, sino por su honestidad y valía a la hora de hacerse un hueco en la vida. Supongo que así debería ser, pero la realidad, es bien distinta.
La primera impresión es la que cuenta. En los últimos años, es rara la revista de moda, en la que no nos enseñan ropas de la temporada siguiente, en unos cuerpos verdaderamente esculturales, sin tener en cuenta que también hay muchas mujeres, que desean lucir esas mismas prendas, pero no pueden ni tan siquiera probárselas, porque en las tiendas sólo se venden hasta la talla cuarenta y dos, o, a lo sumo, hasta la cuarenta y cuatro.
Con esto lo que ocurre es que alguna jovencita, o cualquier mujer en general entradita en carnes, se sentirá acomplejada, sobre todo si van a comprar con alguna amiga a la que les siente bien el modelo, en cambio, la chica gordita, deberá buscar una tienda de tallas especiales. Esto me parece terrible, con ello, la misma sociedad les incitará a no comer y a hundirse más en el diabólico mundo de la anorexia y la bulimia.
¿Porqué no puede haber el mismo modelo en todas las tallas?. Qué sea la propia mujer, la propia interesada, la que decida lo que le sienta bien o mal, si debe ponerse la ropa que lucen las modelos de cuerpos diez, o las de los cuerpos rellenitos. Todas las mujeres seamos más o menos jóvenes tenemos derecho a lucir nuestro cuerpo, y tenemos derecho a estar orgullosas de él, porque cada año nos marcará un michelín más, o una arruga más profunda, pero no por eso debemos sentirnos discriminadas, ni menos bellas, porque la belleza física, sólo dura unos cuantos años, pero la belleza interna nos durará toda nuestra vida.
De eso es lo de lo que se tendría que hablar, no deberían hacerle ascos a los michelines, cartucheras o tripita que tienen las modelos en particular, o a cualquier mujer u hombre, en general. Todas llegaremos a madurar, y a pasar por esta etapa. Algo muy distinto, es tener que estar siempre a dieta para mantenernos delgadas por motivos de salud. Si no es por ese motivo, deberemos estar orgullosas de nosotras mismas, y de nuestro cuerpo.