Inspiradas en la elegancia, la dulzura y la fascinación de las hadas, junto al místico encanto de los elfos. Cristales para los pies, brillantes para las manos, finas telas para cubrir el cuerpo y el juramento de amor eterno ... Ups! En esta receta falta el más sabroso condimento: “El Utópico Príncipe Azul”.
Sin siquiera poner resistencia, crecimos con el soñado y temido cuento de hadas en que todo final era feliz. Guionistas de Disney ilusionaron al mundo entero con una vida perfecta que terminó llenando las consultas de sicólogos con crisis sentimentales, fracasos matrimoniales, infidelidades, juicios por pensiones alimenticias y así la lista era más extensa de lo que pensamos. Y como era de esperar terminamos idealizando un ángel que nunca llegó. ¿Disney pensó en ese grave error?
Muchas veces, vale más la independencia que una compañía no apropiada y eso en todo orden de cosas. Una compañera profesión que no te satisface, una compañera amistad que no te apoya, una compañera pareja que no aplaude tus triunfos y una compañera que no te lleva por el camino a la meta. ¿Por qué Disney no nos presentó la cenicienta profesional que persiste porque en la insistencia está el triunfo? Era más fácil hacernos crecer en el mágico e irreal cuento de hadas con príncipe azul incluido y que se convertiría en nuestra fuerza salvadora...
Y qué hay de la independencia femenina? ¿dónde están las mujeres inteligentes, las que tienen la vida en sus manos y pueden desarrollar sus capacidades? ¿las que luchan por las cosas en las que creen? Cenicientas, bellas durmientes y Blancanieves, bajan la libido a cualquiera, llevando escrito en su rostro una lluvia de lágrimas y en la eterna espera de ¡su gracia salvadora!
Aunque, sinceramente no creo que el príncipe azul sea tan perverso, como para que los mismos guionistas de Disney o de otras compañías, que nos adormecieron con princesas encantadas, hoy lucren con series adversas, como “Mujeres asesinas” o “Desperate Housewives”... ¡los extremos no son buenos y los hombres no son tan malos!
Hoy las mujeres “listas” comprenden que el miedo irracional del utópico príncipe azul hacia su cenicienta, es sin duda que la naturaleza femenina, desde que el mundo es mundo, es atrapar al hombre. Mientras, el príncipe azul tiene otra dificultad, que es la de abandonar a su presa.
Lamento que el cuento de hadas nunca nos mostró un manual para convivir y que cada uno trae su neurosis a la pareja. Lo más complicado de todo es sumarle las diferencias naturales de ser hombre y el de ser mujer con todo lo delicioso y confrontativo que signifique. No podemos dejar de admitir que, desde hace más de 5.000 años, existe una manera de relacionarse entre príncipes y cenicientas, y en esa relación hay roles, una puesta en escena, ritos que siguen vigentes y no me refiero a rendirle pleitesía, pero al menos disponer nuestras neuronas para entenderlo.
Todo se ve inevitable y nos gusta a los dos: la sensación de descanso y relax que una mujer tiene cuando hay un hombre que la ama y que quiere lo mejor para ella. Eso sigue vigente y es maravilloso. Y aunque no significa que la mujer sea menos que el hombre, tiene que ver con el ritual divino, estamos conformados así... La orden de proteger a la mujer amada es algo animal y viene grabado en los genes. Si bien hay una mezcla de cuestiones culturales, cobardía, temores de diferente calibre y un mandato en el universo masculino que se pregunta ¿qué hacer cuando no se puede separar de su mujer? ... luego responde y se inventa otro amor ¡Un clásico!
Muchas veces, los hombres siguen queriendo a sus mujeres y hasta amándolas, pero sienten que no pueden seguir viviendo con ellas y tienen una enorme imposibilidad para decirlo. Mientras las cenicientas del 2010 son más directas y más fieles consigo mismas. Cuando sienten que el príncipe azul se termina convirtiendo en sapo, buscan la mejor manera para decir ¡se terminó! y transparentar su propio cuento de hadas.
Hoy el enlace entre el príncipe azul y cenicienta, muchas veces se contamina con los mandatos sociales y el que dirán que es muy poderoso. Las uniones son difíciles, aunque gracias a la energía divina la mujer está evolucionando más aceleradamente que el hombre. Ahí radica la respuesta de por qué las parejas en donde la mujer llega a ser hasta 10, 20, 30 años menor que el hombre, resultan tan exitosas.
Hoy las mujeres jóvenes son más evolucionadas y tienen el respaldo de una profesión, trabajo, independencia y una vida definida, ajena al cuento de hadas. Esas mismas mujeres tienen otra actitud frente a la vida y eso hace que se enriquezca el vínculo y que muchas reglas se modifiquen. Alguien dijo no hay que entenderlas, sino quererlas. Y hoy las mujeres comprenden que el príncipe azul se quedó en los guiones de Disney y que existe alguien mejor que el personaje que nos ilusionó desde niñas en una pantalla grande.
Se acabaron los llantos, depresiones, enfermedades y despecho por abandono, hoy existimos cenicientas que despertamos a tiempo y nos dejamos golpear con un rayo de sol, quemando nuestras noches y siendo adictas a su luz. No es la gracia salvadora que las princesitas esperan, pero nos rodea con un abrazo que no se desvanece con el primer inconveniente que ocurra.
La decisión femenina frente a la pareja, demuestra un presente hecho para concretar el éxito futuro... ¿será paciencia?, ¿será un ser divino que no es príncipe azul? ... No lo sé, pero si he confirmado que es el mejor complemento para una Cenicienta del 2010.
* Andrea Gonzàlez-Villablanca, es periodista y columnista chilena. Creadora y directora de DIVA Latinoamerica. www.divalatinoamerica.blogspot.com