Cajón desastre

Corazón, corazón

  • Comentarios

Cómo sufre el corazón. Parece la peor enfermedad del mundo. No tiene cura, pues siempre reaparece. Las cicatrices no se van nunca.

Cuando parece que todo está bien, algo cambia. Podemos perdonar, omitir o incluso tener la impresión de haber olvidado o superado algo. Pero la herida nunca sana. Y cuando vuelve a abrirse, cada vez tardamos más en cerrarla. ¿Tiene solución un corazón roto o desilusionado?

Podemos encontrar parches, tapaderas, incluso podemos coserlo pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Cuántos muros contra los que nos hemos de chocar existen? ¿Tiene cada persona un grupo de ellos asignados? ¿Tenemos unos más que otros? ¿La suma de sus grosores es la misma para cada uno de nosotros?

Al final de todo, ¿qué importa más? ¿Aquel que ha conseguido evitar más golpes o el que llora “desconsoladamente de felicidad” porque ya ha terminado su sufrimiento? Viviremos siempre sin poder contestar estas preguntas, para las que, en un principio, no hace falta morir para comprobarlas, pero que permanecerán ocultas por mucho que nos esforcemos.

 Nunca habrá dos opiniones iguales y hacer sondeos de nada servirá, pues no tenemos derecho de imponer nuestra idea de dolor a alguien que así no lo sienta. Podremos perder partidos, pulsos, apuestas, propósitos. Lo mismo da. Podremos pensar que el peor día de nuestra vida fue cuando crecimos y lo empezamos a entender todo. El día que perdimos nuestra inocencia, desgraciadamente algunos demasiado pronto.

Publicidad
Publicidad
Publicidad