La Audiencia Nacional ha condenado a un cabo español a una MULTA DE 1620 euros y una indemnización de 20.000 euros por un delito de abusos sexuales contra una militar francesa. Esto ocurrió en Mostar en la Nochebuena de hace dos años, del 2006. En total 3.620 euros.
El fiscal había solicitado año y medio de cárcel y 12.000 euros de indemnización, con lo cual el militar acusado se ha ido de rositas. Le ha salido la jugada redonda. No ha habido ninguna consecuencia más allá de la multa, su función en el ejército no se ha visto menoscabado por ese delito y permanecerá en su puesto, fresco como una lechuga, nunca mejor dicho.
Lo que más me ha llamado la atención de la noticia es la naturalidad con la que el militar ha negado su implicación en los hechos, y su alegato de inocencia. Además, ha jugado a su favor el atenuante de intoxicación, provocada por la ingesta de alcohol. Y esto si lo ha admitido.
La militar francesa cuenta como ocurrió, el macho alfa se metió en su cama y empezó a tocarla, entonces ella se despertó y comenzó a defenderse. El escondió la cabeza bajo las sábanas para evitar ser reconocido, pero ella pudo verlo. En la rueda de reconocimiento, incluso, lo reconoció sin perilla, puesto que al día siguiente se la afeitó, pero no para evitar ser descubierto por la militar francesa. Una chapuza a la española.
En una sociedad como nuestra, que está empezando a reconsiderar el rol machista como algo a eliminar, nos damos cuenta cómo eso no se está haciendo de forma horizontal, sino vertical. Es decir, hay estratos sociales donde la discriminación y el abuso están más castigados que en otros y uno de estos últimos me temo que es el ejército.
¿Por qué razón se deja impune a un acosador? ¿Una multa tan irrisoria sirve para castigar este tipo de comportamientos? ¿Cuál es la lectura que hemos de sacar de esta sentencia? ¿Que un intento de abuso cuesta 3000 euros? Si hubiera ido más allá, si la militar francesa no hubiera podido reaccionar, como le pasa a muchas mujeres, ¿cuál hubiera sido la sentencia?
Porque si no siguió, fue porque no pudo, porque le descubrieron, ese es el peligro y también la máscara tras la que se esconde la impunidad de este tipo de comportamientos. Y por supuesto, ¿si esto ocurre en otro país, hubiera sido tan laxa la sentencia?
Evidentemente, las sentencias judiciales no deben ser ejemplarizantes, se ha de administrar justicia ajustada a derecho, pero ya sabemos que una cosa es el derecho y otra la justicia.
La lucha a favor de la igualdad pasa por muchos frentes, es un problema complejo y uno de ellos es que no todas las mujeres somos iguales: no es lo mismo ser una militar que una jueza de lo civil, no es lo mismo ser médico que cajera del Día. No es lo mismo tener educación y cultura que carecer de ella, no es lo mismo vivir en la zona alta de la ciudad que en el extrarradio.
Pero vivimos en un Estado de Derecho garantista, y no puedo imaginarme que lo sucedido hubiera sido al contrario. Es decir, da igual en el estrato social, educacional, laboral o familiar que estemos las mujeres: este tipo de actos no deberían de ocurrir en el 2008.
Mi pregunta es: ¿por qué muchos hombres creen que pueden tener este comportamiento? Y no sucede únicamente en el ejército, sino en otros ámbitos menos masculinizados. ¿En la lucha a favor de la igualdad están luchando los hombres con el mismo ahínco que nosotras? ¿Qué está fallando? ¿Por qué las prácticas machistas siguen teniendo un papel en nuestra sociedad y son tema de las primeras de los medios de comunicación de referencia día sí, día no?
No puedo responder, sólo puedo pensar que algo se nos está escapando. A todos. Y a todas.
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