Hace años que dejé de comprar revistas llamadas del corazón.
Prefiero un libro.
Ahora llego a casa y no pongo la televisión como hice durante una época.
Prefiero la música o el silencio.
Ojeo el diario. Mientras como, veo los telediarios. Cada vez me gustan menos, se han convertido en cuenta-sucesos y mentiró-logicos. La mayoría de los días su noticia es que nieva en Soria. ¡Normal! En el mes de Enero en mi tierra ha nevado siempre.
No renuncio a una pequeña siesta en mi sillón preferido después de comer. El ruido de la televisión me hace dormitar plácidamente. Me regenera para estar toda la tarde fresca y activa. De pronto, una voz chillona y vulgar me despierta. Es ella, la llamada por algunos “la princesa del pueblo” que, según parece, se pasa el día en una cadena de televisión hablando, con gestos ordinarios, comiendo, bebiendo de la botella, haciendo comentarios intranscendentes y demostrando su incultura. Se jacta de ser la representación del pueblo. ¿Eso es la joven treintañera española? ¡Que vergüenza!
Escucho y observo. ¿Por qué esa adoración? Sigo sin entenderlo. Físicamente es una joven recauchutada y muy deteriorada por sus excesos. Dicen que les gusta su sencillez. Las personas sencillas no celebran bodas de princesa. Las operaciones estéticas no hacen que las personas se conviertan en bellas, sólo arreglan la belleza externa, la interna se trabaja y se perfecciona siempre.
No aceptar las críticas es síntoma de orgullo y prepotencia. El ritmo se lleva dentro. Nadie puede imitar cómo bailan los negros ni el movimiento de una cubana. La etiqueta de buena madre, tampoco. Una buena madre sale a ganarse la vida y, en cuanto puede, vuelve a estar con su familia. La buena madre no frecuenta la noche y evita las amistades peligrosas. Los hijos se tienen que criar con los padres, no con los abuelos. Hace años que las llamo: “las únicas que han parido”. Al resto nos dejaron a nuestros hijos debajo de una col, por lo que parece.
Buena persona. Todos tenemos ese lado bueno y menos bueno. Alguien que se alegra del mal de su oponente no es buena persona. Una mujer que sólo desea fracase el matrimonio del padre de su hija, no es buena persona. Recuerdo a muchos “juguetes rotos” y cuando veo la de amigas y compañeras que ahora, por contrato, la adoran, pienso en un título de una vieja película: “Más dura será la caída”.
Sé que estamos en momentos de tiradas importantes en las revistas, de Best-seller en los libros, de audiencias en las televisiones, pero si queremos dar cultura a nuestro país todos debemos contribuir seleccionando los personajes que nos representan. ¡Basta ya de televisión sucia, ordinaria, gritona y ofensiva!