MCG

Autor: El correo
Lleva unas gafas gruesas de pasta marrón, se las veía cada vez que se me acercaba a introducir algo dentro de mí. No quiere cambiarlas por otras más modernas, tiene miedo que no aguanten el grueso cristal. Además es un hombre a que le cuesta acostumbrarse a los cambios. Usa traje gris siempre.
No es presumido pero sí muy aseado. Los bajos siempre estaban limpios y bien cosidos, nunca vi un dobladillo deshecho, sólo en una ocasión y enseguida lo remedió. La raya de su pantalón era perfecta y bien planchada. Cambia poco de zapatos por lo que a veces su olor me molesta. Aún recuerda en una ocasión que padeció de unos hongos que le hicieron pasar una temporada espantosa. El olor era nauseabundo. Cada mañana me coloca en el lugar exacto junto a su pierna derecha. La mujer de la bata azul de rayas me vacía todos los mañanas al alba. Ella y sus compañeras son bruscas.
Ponen el aparato de música alto, los aspiradores empiezan casi a la vez a sonar con tanta fuerza que la hacen temblar. Luego hablan y hablan, siempre tienen a quién criticar. Curiosean cajones y de vez en cuando se afanan de algo que no deben. Aprovechan la soledad para hablar por teléfono con los parientes lejanos. Soy de metal por lo que poco me tienen que limpiar. Una vez vacía, un trapo me acaricia. Una de ellas, en ocasiones, si alguno de los chicles que tira la joven de los tacones cuadrados, se secan incrustados en una de mis partes, coge una espátula y empieza a dañarme hasta que lo saca. ¡Los odio! ¿Quién inventaría esa masa asquerosa mal-oliente?
Empiezan las visitas, los papeles con números y letras entran con suavidad. No acaba de acertar en meterlos y a veces veo su rostro indignado y sus gafotas. ¿Por qué se enfada conmigo? Es él el que a tan poca distancia no acierta, yo permanezco en mi puesto quieta y correctamente.
Luego empiezan los sobres, me gustan los marrones siempre están menos escritos. Alguna vez recibo cartas, siempre desagradables. Un día me regalaron dibujos. Vi los pies de un niño con unas sandalias blancas con dibujos. A los pocos días unos dibujos de barcos, piratas, aviones, flores y peces llegaron rotos por la mitad ¿Por qué se deshace de ellos? ¡Son preciosos! Si pudiera los dejaría pegados en mi pared.
Lo que menos me gusta es cuando tiran comida, ¡qué olor! Y hay algunos productos que me ensucian que me dejan fatal. Un día se derramó toda una masa con olor a huevo y tardaron días en quitármela, estuve realmente mal, pensé que era mi fin.
Ha habido cambios. Me amontonaron junto a muchas hermanas, de otros materiales, tamaños y formas. Olía fuertemente y acabamos sucias. Un nuevo lugar, esta vez las piernas son de una joven. Lleva diferentes zapatos, se cambia diariamente. Me encantan unos de tacón altos. No me gusta cuando viene con unas deportivas, rezuman olores de desodorantes raros. Hay días que le veo las piernas, otros no, están tapadas por telas de diferentes texturas, y colores.
Ella no tira apenas papeles, sólo restos de comidas, cajas muchas; cajas pequeñas y latas. Estas suelen contener líquidos y me ponen perdida, por lo que han decidido cubrirme.
¡Uf qué alivio! Ahora, cada mañana, cambian la bolsa de plástico marrón, azul o verde que me pone el día anterior y me quita el peso de encima. Apenas me limpian y empiezo a parecer sucia y antigua.
¡Por fin la vi! Tiene unos enormes ojos verdes, la nariz respingona y, maquillada, sus labios son rojo brillante. Me mira, habla con alguien, me enseña a otra joven de pelo negro y rizado y me tira con energía ¿Qué sucederá? Llevo tiempo en un cuarto oscuro, apenas se filtran los rayos de luz, sólo cuando un hombre con un traje gris abre para buscar algo. Allí permanezco esperando mi nuevo destino junto con mesas deterioradas, cuadros con coches, pizarras a medio escribir y muchos papeles.