El pasado 22 de Noviembre se han cumplido cuarenta y seis años de la trágica muerte de John F. Kennedy, un hombre que llegó a lo más alto pero al que arrebataron la vida una mañana de otoño en Dallas, ante miles de personas que asistían, impotentes y atónitas, a unos de los episodios más negros y tristes de la historia norteamericana. Sobre lo que pasó aquel día de 1963, se han escrito ríos de tintas, elaborado varias teorías e incluso hecho películas, pero hoy día aún no se sabe con certeza si fue una conspiración urdida en las más altas esferas u obra de algún lunático, ávido de notoriedad.
Nacido en el seno de una familia adinerada y con mucha ambición y poder político, estaba prácticamente destinado a ser presidente de los EEUU. Su matrimonio era aparentemente feliz, aunque ello no impidiera que circularan todo tipo de rumores sobre supuestas infidelidades y devaneos con otras mujeres, y en especial la mismísima Marilyn Monroe.
Fue sin duda alguna uno de los hombres más carismáticos del siglo XX, admirado por muchos y odiado por otros, pero que en vida y desgraciadamente también por las circunstancias de su muerte, no dejó indiferente a nadie.