La gran mayoría de los niños, sobre todo los más pequeños, están viviendo este horror, sin saber exactamente de que se trata, pero alguna vez, en un futuro próximo, puede que lo sepan y lo valoren cuando se den cuenta que sus vidas podían haber sido de una formamuy diferente.
Era un país pobre que trataba de sobrevivir..., pero era uno más de entre tantos otros. Era un país en el que las madres pugnaban por buscar algo de comida para sus hijos, no importaba de la forma en que consiguieran el trabajo con el que comprar ese alimento, el caso era vestirles y darles de comer.
Ahora ya, ni siquiera con un trabajo que no les era gratificante, podrán dar de comer a esos pequeños, que lloran en un rincón de una calle, o, junto a un montón de escombros, pensando que allí debajo está su mamá. Lloran, gritan de dolor en los hospitales, porque la ayuda humanitaria les llega tarde, o, peor todavía, porque es interceptada por mafias, por personas malvadas que no piensan en el daño que les pueden causar a unas criaturas inocentes. Gentes que solo piensan en su propio bien, en enriquecerse, vendiendo unos productos que no les pertenecen, artículos que han sido mandados a este país con gran esfuerzo por parte de las naciones de origen.
Productos que en algunos casos habrán sido donados por empresas, por personas adineradas, o, lo que más valor tiene, por gentes casi tan humildes como los propios receptores, pero que tienen un corazón tan grande que se les sale del pecho, y organizan mercadillos, subastas, conciertos, partidos de fútbol, etc. Cualquier cosa es válida para que estas pobres gentes comiencen a levantar sus chabolas, sus barrios, sus escuelas, sus casas, y empiecen a hacer trabajos que les honren, sin tener que dedicarse a la piratería para poder sobrevivir en un país que está acabado, por el terrible cataclismo que les ha asolado.
Los padres, agonizan desesperados por los hijos heridos, lisiados o desaparecidos. Los hijos, claman por un alimento difícil de conseguir, sin un padre que se lo proporcione, y así, con este panorama, la vida en Haití se ha vuelto un caos, difícil de gobernar. Por lo cual, cada uno hace lo que puede y los que peor escapan son los pequeños que han quedado sin el cuidado de esa madre que velaba por ellos.
Ya no solo cuentan los niños que han muerto. Probablemente, ellos han escapado mejor que los que han quedado con vida. Después de todo, a ellos ya no les duele nada, no sufren, no gritan llamando a su mamá. Pero hay muchos llantos entre tanta miseria y en los abarrotados hospitales, que son escuchados por redes que les secuestran y comercian con ellos como si de mercancía se tratara. Me doy cuenta que la maldad está en todas partes, hasta en los peores momentos, en los que todos deberían estar más unidos que nunca, y veo, que nadie mira por nadie, sino por sí mismos.