Cajón desastre

Llegaste a mi casa como llega el ladrón sin avisar

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La primera visita hay una perdida de audición. Algo heredado. Tiene solución, un pequeño aparato y volverás a oír perfectamente.

En la segunda, el especialista mira con más profundidad y… algo no le gusta. Agudiza su aparato y en una cuerda vocal lo ve claro. “Es una leucoplastia de fumador, casi seguro” ¿Eso que es?. Como un parche blanquecino en una cuerda vocal. Suele darse en los genitales externos femeninos o los fumadores de pipa, constituyen un algo riesgo. Suele tener células cancerigenas y por supuesto hay que operarlo.

Así has decidido entrar de puntillas en su vida y por supuesto en la mía, porque para eso somos dos en uno. Yo en cuanto entendí lo que me explicaba mi mente torticera le visualizó como esos muchos hombres de peno canoso que llevan o bien un pañuelo en el cuello, o una chapa que intenta ser decorativa para evitar que se va el agujero. ¿Por qué eres así?

No tienes que adelantarte sin saber. ¡Siempre igual! ¿Cuándo cambiarás? Lo observo en silencio y disimula. Silva como siempre que esta nervioso. “Dejaré de fumar” pero… enciende uno y otro. ¡Esta nervioso, asustado! Silencio….

Tengo más necesidad de estar a su lado. No porque el cura dijera “en lo bueno o en lo malo, en la salud o en la enfermedad” (porque hubo juez no cura). ¡Tantos años, o tan pocos, según se mire! ¡Toda una vida juntos! Pero aún quiero más. Es egoísmo, es amor. Quisiera que fuera ayer a esta misma hora. Te acompañaría. Ayer dijiste, pero “no es nada, ahora vuelvo”. Me siento mal por no haber estado a tu lado.

¿Qué pasará en los próximos días? Si es cáncer ¿Qué gravedad tiene? ¿Qué va a ser de ti? ¿Qué va a ser de mí? ¿Cómo puedo yo estar a tu lado sin agobiarte, sin lágrimas sin pamplinas sino simplemente estando? ¿Sabré? Dudas, películas, historias me vienen desde ayer, a las cinco de la tarde, hora taurina, a mi mente. 

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