Cajón desastre

Madmoiselle Gabrielle Chanel

  • La conocida como Coco Chanel, fue una mujer entre pocas. Única diría yo. Admirada por mi y no admirada por ingratas mujeres, las cuales no saben que llevan traje chaqueta, van al solarium y llevan bisutería comprada en “el chino” a 2€ el collar, por su obstinación no reconocida entonces y su extravagancia en la fecha.
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Esta dama de hierro se dedicó a la moda como se pudo haber dedicado a la natación sincronizada. Habría impuesto la libertad femenina allá donde ella hubiera querido ya fuera en un taller de costura que subida a una silla. Simplemente lo hizo donde en su momento se lo permitieron. Porque los espíritus independientes eran, son y serán así, imponen su carácter en tiempos donde para las mujeres éste no había visto la luz.

¿Qué por qué? Nacida en un período en el que ellas vestían al placer masculino, aplicó el engalanarse al placer propio donde la tela se adaptara a las mujeres, y no al revés, con ayuda del corsé. Fueron rachas de viento emancipado para nuestras bisabuelas donde pudieron observar con alivio que el moreno de la piel no era sinónimo de trabajo y por ello baja consideración social sino un síntoma de belleza y salud. En donde el negro pasó a ser símbolo de elegancia y no luto riguroso y las mujeres pobres podían lucir joyas de diferentes metales y no solo las adineradas haciendo la odiosa distinción social de antaño.

Fue por su endiablado carácter el que nosotras estemos llevando pantalones, respiremos con buen ritmo y seamos nosotras quien decidamos si estamos bellas o no. Todo ello tiene un significado bien simple, la comodidad, la seguridad, la libertad, el pensamiento autónomo fue lo que triunfó. El que una mujer se vistiera para ella misma y nada más. Pero… ¿Y si Mademoiselle Chanel levantara la cabeza? ¿Qué diría al ver a las mujeres actuales que ella creó? Supongo que volvería a perecer.

En pleno siglo XXI después de que ella defendiera la belleza por si misma, que defendiera la libertad sin clases, sin cánones se toparía con jóvenes encorsetadas por la anorexia, esclavizadas bajo ese ceñidor de hierro que oprime a las mujeres alrededor del mundo. Vería como los patrones de belleza guían los cerebros del mundo hasta el punto de exponerse al cáncer bajo rayos UVA para seguir el canon que ella misma creó. Vería como las mujeres que no responden al patronísimo son rechazadas socialmente hasta puntos insospechados.

Ella, que luchó hasta convertirse en una mujer intratable por su constante batalla contra los prejuicios se daría cuenta que creó un monstruo. Un idealismo superficial en el cual estamos sometidas y encorsetadas de nuevo. En donde un ligero desvío de la línea marcada es irremediablemente imperdonable, bueno, miento perdonable por el milagro de la cirugía ¡Adonde iríamos sin ella! Pero ante todo yo personalmente le doy las gracias. Brindaría hoy por la blancura de la piel, el “sobrepeso” salubre, los colores vivos, la alta joyería o lo que sea por quebrantar el canon creado por ella misma de lo que estoy segura, por nuestra liberación, Coco nos hubiera aplaudido.

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