Si os cuento la odisea de esta tarde para encontrar un sencillo pijamita de verano que se adapte a mis curvas (y por qué no? a mi cuerpo danone!) os tirais de los pelos.
Lo peor de todo es que después de estar 3 insoportables horas pegándole tirones a la ropa amontonada en los percheros, aguantando las colas de los probadores, pidiendo a gritos con la mirada que perfumen (porque la gente, a estas horas del día, les ha abandonado ya el desodorante) ese espacio mínimo en que te pruebas la ropa y haces malabarismos para no caerte mientras. Después de intentar "meterme" en una talla super normal como es la 38...¡ME HE VENIDO SIN PIJAMA!.
Y es que a una se le queda cara de jota y media cuando las panolis de las dependientas te miran espantada cuando preguntas: "por favor, ¿tendrías la talla 42 de esta camisola?" ¡Parece que acabas de pedirle una 58 para probársela a un cachalote!
Y qué si tengo forma? y qué si mi trasero es respingón y el punto lo aprisiona demasiado? ¿y que si mis "lolas" existen y no soy una tabla de planchar?
Pues no, ¡te hacen creer que tus medidas no son las standars! Y de repente te ves en la sección de premamá porque al paso, es en el único sitio en el que parece que la 42-44 no son una leyenda urbana.
Pues sí, mas que ir a comprar una prenda, que se supone es para dormir o para estar en casa, una cree que se ha sometido a una sesión de embutimiento en el que la maravillosa piel de naranja queda al descubierto por completo y en el que piensas: si me pongo esto para dormir se espantan hasta las sábanas... y no te cuento si pretendes irte de viaje con amigos y llevártelo ja! en el desayuno la dulce Mafalda de mi camiseta se ha convertido en la masa y hasta se le ha quedado el pelo liso porque con esa estrechez ¿dónde meto mis lolas? ¡pero si parece que tuviera las amígdalas inflamadas!
En fin, que vengo superindignada con las tiendas y la moda que sólo se hace para esos cuerpazos anodinos y simples en los que la línea recta y la ausencia de volumen es la principal característica.
Olé el jamón, el chocolate y los helados. Vivan las gorditas y aupa la talla 44!!!!. Porque yo, lo valgo.