Si cerramos los ojos y nos concentramos un poquito.., mirando atrás, veremos lo rápido que pasan los meses. Soñemos. Soñemos que lo que más nos guste pueda parecer una realidad, al menos en nuestra mente. Soñemos despiertas, mirando la intensa y plateada luz de la luna, cuando la noche, con su manto gris nos envuelve. Soñemos despiertas, cuando miremos las bonitas flores multicolores con las que los parques se visten. Soñemos.., soñemos.., con detener el tiempo.
Vemos en nuestra imaginación lo bonita que puede ser la vida si la miramos con la diversidad de colores que nos ofrece la Naturaleza, sobre todo en esta época del año, en la que el campo comienza a despertar del largo letargo en el que se sumió con la llegada del tiempo invernal. Un día, otro y otro, y así sucesivamente, y sin apenas darnos cuenta, pasamos, de estar mirando en los escaparates de las tiendas los regalos que pediríamos a los Reyes Magos, a estar pensando en las ropas que ya lucen los maniquíes de la nueva temporada primavera-verano.
Supongo que hablar de ropas veraniegas resulta algo extraño, más, teniendo en cuenta que llevamos varios meses que llueve un día sí y otro también, pero, a pesar de todo, el tiempo transcurre inexorablemente. El reloj del tiempo no se detiene, aunque en algunas ocasiones así lo quisiéramos. Los días se alargan y la alegría de la primavera, se hace notar.
Los pajarillos se desperezan al alba y nos despiertan con sus trinos, revoloteando alegres por entre el denso follaje que buscaron para cobijarse en los duros meses invernales. Quizás son ellos los que más necesiten el paso del tiempo. Quizás sean ellos los que noten como estamos entrando en los días más largos y hermosos del año, sobre todo para los que como ellos, deben vivir a la intemperie aguantando las terribles inclemencias del tiempo. Quizás sean estas aves las que con sus simpáticos gorjeos nos ayuden a ver con mejor humor, que el tiempo pasa, que a nuestro pesar…, no se detiene.
Los meses se suceden unos a otros con una rapidez asombrosa y cuando queramos despertar del sueño en el que por un ratito nos hemos sumido y entornemos los párpados, veremos de nuevo, a esos dulces animalillos que se paran en el alféizar de nuestra ventana, pidiendo cobijo por el frío gélido que de nuevo se avecinará, pidiendo comprensión y calor, porque los árboles que en estos días brotan verdes y frondosos, en aquellos meses, que sin darnos cuenta llegarán, acabarán perdiendo, el ropaje que les ayudaba a cobijarse.
Pero, despertemos, eso aún está lejos. Tan solo vivamos el presente. Pensemos, vivamos la realidad del momento, disfrutemos con la alegría de estos próximos meses, vivamos el amor... él despierta después del largo letargo invernal.