Por nuestra usuaria Rocío
Desde hace tiempo tengo la necesidad de expresar el reflejo que me devuelve el espejo. Un reflejo que me reconforta, me da seguridad en mí misma y, sobre todo, fuerza para continuar mi singladura por esta vida manteniendo mi rumbo
Y tengo necesidad de expresarlo porque , francamente, estoy bastante harta de ser un testigo impasible de todas aquellas y aquellos, que se autoproclaman defensores de la mujer, estableciendo en sus artículos, comentarios, columnas y entrevistas publicitados por los medios de comunicación social, el estandar de lo que consideran ha de ser la mujer del siglo XXI.
Pues bien, señores y señoras defensores de la feminidad, mi reflejo en el espejo me dice que es absolútamente maravilloso que hombres y mujeres NO seamos iguales, sin que ello implique, como tratan de adoctrinarnos, que yo sea mejor ni peor profesional que mis homológos del otro sexo, (queriendo reivindicar expresamente, que mi nivel profesional - como el de todo el mundo - reside en mi capacidad intelectual, y en el esfuerzo y sacrificio que mi amor y compromiso con mi profesión me hacen dedicarle, y que pese a sus proclamas, señoras y señores, se refleja en mi remuneración económica.
Mi reflejo en el espejo también me dice, que es delicioso cuidar, atender y mimar a mi marido, a mis hijas y mi casa, pues mi amor y compromiso con la familia que he creado junto al hombre al que amo, pese a sus proclamas, señoras y señores, ni me tiene esclavizada, ni me quita tiempo para mí misma, por el contrario, es tiempo que dedico a mi felicidad que depende directamente del bienestar de los míos (queriendo reivindicar expresamente, que como profesional liberal, mi conciliación de la vida laboral y familiar, no depende de una ley, ni de las lecciones que pretenden darme ustedes, sino de la capacidad de amar mi familia con la misma intensidad que mi profesión, y de mi compromiso para con ambas).
Y mi reflejo en el espejo también me dice que me encanta vestir y calzar con elegancia, maquillarme, peinarme, y en definitiva cuidar de mi aspecto físico, porque la belleza y armonía del espíritu de los seres humanos debe tener su reflejo en el cuerpo, por lo que, pese a sus proclamas, señoras y señores, me parece maravilloso que la mujer sea la imagen de la belleza y la armonía de nuestra especie.
Cuanto mi reflejo en el espejo me dice, se lo dicen cada día miles de espejos a miles de mujeres, que cada día dan lo mejor de sí mismas, a sus familias, a sus profesiones y a ellas mismas, con el firme compromiso, de por lo menos intentar, alcanzar la excelencia en todas las facetas de su vida, sin que esto sea nada discriminatorio, humillante o vergonzante, sino simplemente una opción, que quiero reivindicar, junto con el maravilloso y trascendental sentido de la vida para la mujer que proporciona.
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