Se acerca la velada más terrorífica y espeluznante del año: la noche de Halloween. No cabe duda que esta costumbre, de origen anglosajón, que celebran la noche del 31 de Octubre, se ha ido extendiendo como la pólvora a los países occidentales, entre ellos España. Niños y no tan niños salen a la calle ataviados como con sus trajes de brujas, fantasmas y demás seres tenebrosos.
Los más pequeños van de casa en casa, pidiendo golosinas y chuches, con la ya famosa pregunta de ¿truco o trato?
Los mayores suelen ir a fiestas cuyo principal protagonista tiene que ser el miedo, por supuesto en clave de humor o bromas. Los más incondicionales decoran sus casas con calabazas cuyos ojos, boca y nariz desprenden una tenue pero inquietante luz; falsos esqueletos cuelgan de hilos imperceptibles y telas de arañas que hacen el ambiente aún más lúgubre.
Es curioso como en cuestión de pocos años, esta celebración ha ido asentándose en nuestro país, pese a las reticencias de algunos y las criticas de otros. Lo que aún no sabemos es si, a pesar de sus numerosos adeptos, se convertirá en una verdadera tradición o, por el contrario, pasará de moda con el discurrir del tiempo.