Por una usuaria anónima
Un recordatorio importante sobre personas que lo merecen
A veces pienso cuánto valen más que nosotros. Algunos no pudieron estudiar porque tenían que ayudar a sus familias. Los que pudieron, lo hicieron con todo su corazón y sus ganas, conscientes de la suerte que tenían.
A veces pasaron hambre. Trabajaban doce horas diarias o lo que hiciera falta, incluso con pluriempleo. Cuidaban familias numerosas con alegría y sin quejarse nunca.
Nos sacaron adelante con grandes sacrificios, teniendo siempre como meta en su mente que tuviéramos todas las oportunidades y llegáramos lejos en la vida.
Nos enseñaron la importancia del esfuerzo y los valores esenciales del ser humano; nos apoyaron en las dificultades, comprendieron nuestros errores, y nunca se vanagloriaron de su labor, porque no eran conscientes de la importancia de lo que estaban haciendo.
Ahora que ellos son los abuelos y nosotros los padres, a menudo se nos olvida darles las gracias o al menos nuestro cariño.
Porque son un poco pesados y siempre cuentan las mismas historias, porque ya no llevan el peso de la conversación como antes.
Y nosotros, que nos quejamos de los problemas que nos dan nuestros pocos hijos, de las ocho horas de horario de trabajo, del ordenador que a veces falla, de lo caros que están los apartamentos de verano, de que hay que llevar el coche a la revisión, de que el móvil no tiene cobertura..., me temo que no les llegamos a la suela de los zapatos.
Algún día, nosotros seremos los ancianos, y me pregunto si habremos podido hacer por nuestros hijos la mitad de lo que nuestros padres hicieron por nosotros, y, cuando también nos dejen a un lado, comprenderemos la situación con la misma resignación con que lo hacen ahora nuestros ancianos.
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