Con la llegada del buen tiempo, es cuando solemos descubrir, horrorizadas, que necesitamos iniciar, con urgencia, la operación bikini. Es el momento de ponerse a dieta y hacer el ejercicio que no hemos hecho en los meses de invierno. Cada una se lo plantea a su manera, pero en el fondo se trata de ingerir muchas menos calorías y eliminar las que nos sobran.
Con tal de poder lucir el tipo, estamos dispuestas a hacer ciertos sacrificios. Las que viven solas, pues tal vez lo tengan más fácil ya que tienen que preparar un único menú, sin embargo las madres de familia, lo tenemos algo más complicado. No vas a poner a toda la familia a régimen, así que cuando llega la hora de sentarse a la mesa, ves como tu marido y tus hijos comen unos macarrones con tomate y queso y tú te tienes que conformar con unas zanahorias al vapor y una ensalada con escaso aliño. En fin, ¡qué se le va a hacer!, así es la vida.
Dicen que para estar guapa hay que sufrir, así que adelante. En estas mismas fechas inicias también una pequeña tabla de ejercicios y con voluntad y tesón consigues perder estos kilos de más. Una mañana te pruebas este nuevo bañador o bikini y te ves monísima en el espejo.
Llega el día de las vacaciones y toda la familia se marcha unos días a la playa. El hotel en el que os hospedáis es sensacional. Por fin no tienes que preocuparte de preparar comidas, de hacer limpieza y de lavar o planchar la ropa. Te lo dan todo hecho. Un sueño hecho realidad. Hasta tienes tiempo de echarte algunas siestas.
En fin, lo bueno no dura para siempre, así que llega el día de volver a casa. A la mañana siguiente te levantas y te encaminas hacia el cuarto de baño. Está aún un poco dormida y justo antes de meterte en la ducha, te subes a la báscula y entonces descubres, aún más horrorizada que la primera vez que has engordado 3 kilos.
¡No puede ser! Cuando piensas el sacrificio que tuviste que hacer para perder peso, resulta que estos días de relax, descanso y buenos alimentos han echado a perder todo lo conseguido. Y a menudo es lo que suele pasar. Nos esforzamos para seguir una dieta más o menos estricta para poder lucir palmito en la playa o en la piscina, pero una vez que llegamos a nuestro destino de vacaciones, nos relajamos y la ausencia de preocupaciones o estrés unidos generalmente a más horas de descanso y buena comida, hace que cojamos algo de peso. A nuestro regreso, vuelta a empezar con el trabajo, la casa, la rutina y ….. la dieta.
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