Cajón desastre

Orgullo gay y prejuicio

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En estos días de verano, varias ciudades del Mundo celebran el Día del Orgullo Gay o Gay Pride Day como originalmente se llama. Es la fiesta donde la comunidad homosexual celebra su condición sexual. En teoría, o como así empezó en principio, las personas de distinta orientación sexual a la mayoría, salían a la calle a reivindicar sus derechos de ciudadanos normales y corrientes y a solicitar a la sociedad que los marginaba una aceptación, o al menos un no rechazo que genuinamente se merecían. Pero aquellos, afortunadamente, eran otros tiempos.

 Hoy en día vemos en el Día del Orgullo Gay a cientos de heterosexuales o “straights” como dicen en inglés celebrando también la fiesta junto con sus amigos, vecinos, parientes gays en un "todos a una como Fuenteovejuna". Es más, incluso los hay que, sin conocer a nadie en particular, se apuntan a la marcha porque también quieren apoyar la causa, y de paso echarse unos bailes. Pero hasta ahí llegamos. Mucha palabrería y mucho bailoteo pero eso es lo más que podemos dar. Si no todos, una gran mayoría de nosotros. Porque a la hora de la verdad, a la hora donde se demuestra la “normalidad” con la que aceptamos una condición sexual distinta a la nuestra, lo único que nos sale es el prejuicio que llevamos dentro.

Hoy me he encontrado con tres compañeros de trabajo que se habían vestido con camisa rosa y que estaban tomando café en la misma mesa. Yo al verlos, como broma, les he preguntado si estaban calentando motores para ir al Orgullo Gay y ellos han puesto esa cara de sonrisa de compromiso por la que puedes leer que no les ha gustado nada la bromita. Al oírme una compañera, se ha apuntado a la conversación y ahí ha empezado la charla por parte de los hombres del “yo iría sin problemas, pero no me gustaría que intentaran ligar conmigo y por eso no voy”.
 
Los otros han estado de acuerdo, ellos también “respetaban” a los gays pero les molestaría que alguno intentase ligar y no querían ir por no pasar por esa situación. Y mi pregunta es “¿les molestaría que una mujer que no les resultara nada atractiva quisiera ligar con ellos?”. Por supuesto que no.

Es más, aún en el caso que esa mujer no les gustara ni para un polvo, no se lo tomarían a mal. Le dirían de buenas formas que no están interesados y hasta se sentirían alagados en su ego. Pero con un hombre homosexual no es lo mismo. ¿No somos tan abiertos? ¿No decimos que aceptamos su opción sexual como algo normal? Entonces ¿por qué nos molestaría, o como mínimo nos haría sentir muy incómodos, que una persona homosexual quisiera ligar con nosotros? Si no estamos interesados, no tenemos que hacer más de lo que hacemos cuando alguien heterosexual que no nos interesa, nos tira los tejos, decirle “gracias, pero no” y se acaba el tema.

Sin embargo, ¿por qué no es lo mismo? ¿Por qué nos parece una situación que querríamos evitar a toda costa? ¿Es miedo a que nos tienten o es miedo a que nos violen? ¿Es miedo a que nos hayan tomado “por uno de ellos” y sólo la duda ya ofende? Mi reflexión no es exclusiva al hombre heterosexual sino que la extiendo también a la mujer. Habrá que empezar a hacer un ejercicio de honesta auto-reflexión de hasta dónde somos capaces de reconocer nuestros propios prejuicios. Porque, de boquilla, todos somos muy liberales y progresistas y nos pelearíamos con quién nos acuse de lo contrario. Sin embargo, a la hora de la verdad, todos llevamos un inquisidor dentro, aunque sea pequeño.

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