Así comienzan las cartas dirigidas a los Reyes Magos, esos de Oriente que traían, incienso, oro y mirra al Niño Jesús, nacido en Belén.
Esos Reyes Magos cuando se enteraron de la noticia del nacimiento del Niño Jesús, quisieron ir a verle y llevarle su ofrendas para su presentación. Pero el Niño Jesús no les escribió ninguna carta.
Todavía no sé exactamente cuando empezó la idea de que todos los niños escribieran una carta a los Reyes Magos para pedirles regalos. No creo que saliese de la enseñanza católica, porque los Reyes Magos ofrecieron sus bienes sin que nadie pidiera.
¿Pudo ser algún comerciante avispado para tener pingües ingresos? Pudo ser. Pero me gustaría una explicación lógica para que todos los niños crean, se ilusionen, como todos nos hemos ilusionado, con la creencia de que a los Reyes Magos, si les pides, te dan todo lo que quieras.
A mí, particularmente, me encanta ver la cara de los niños cuando descubren que lo que se les ha dicho, se cumple. Es un reflejo natural de la inocencia y la ilusión.
Es más, diría que hasta yo me ilusiono... Aunque no tenga nada de inocente.