Andrea Gonzàlez-Villablanca
Al parecer vivir en paz y en comunión con lo divino y la naturaleza, es un pecado, parecido a beberse lo prohibido. Me he preguntado millones de veces, ¿Quién gobierna nuestras vidas, quién dirige nuestras mentes? Sé, que son momentos difíciles, crisis financiera, conflictos políticos, creciente índices de cesantía, amenazas medioambientales y la temible gripe porcina que ha alarmado al mundo entero durante los últimos días. Pero, quisiera seguir cuestionando esos imperios en las sombras que se enredan contra mi voluntad.
Sinceramente, no sé quienes mueven los hilos de estas marionetas que utilizan el poder de las palabras, sólo para confundir y conseguir que las esperanzas de las sociedades y la elección de un estilo de vida, no puedan sobrevivir. He escrito las primeras páginas de este 2009, en nombre del mundo que estamos viviendo, debo admitir que somos protagonistas de un tiempo robado, ajeno al respeto y a nuestros deseos pendientes. Tan intuitivas como luchadoras, tan heroínas como víctimas.
En estos tiempos de derechos conquistados y de mujeres pisando fuerte en los escenarios del mundo, es bueno, recordar que el camino ha sido de una dureza extrema y que las pioneras que lo trillaron, dejaron el legado para enfrentar este sexto sentido que fantasea conmigo. Y aunque hoy, la seguridad femenina es abrumadora, con una energía inspiradora y una personalidad embriagadora, hay un nuevo fenómeno que está atentando contra la intimidad entre las personas: la sensación de que ser íntimo o cercano con alguien nos exige darle explicaciones sobre nuestros actos. La verdadera intimidad, tiene que ver más con el respeto que con ¡contarse todo!
El derecho a un universo propio, incompartido y secreto o a momentos de silencio, es condición de salud mental y tener un mundo interno que es la propia intimidad; simplemente… es un requisito fundamental para ser adulto. De forma, que quien sienta o crea que porque somos tan amigos o porque nos queremos tanto, gozará el derecho sobre mi mundo interno, ¿será un atentando contra mi madurez y mi independencia?
El querer sentirme cerca de alguien o de varios o la urgencia de la soledad, es otra necesidad humana respetable y comprensible, pero antes está el respeto por la individualidad del otro. ¡Es una esquizofrenia!, pero cuando más solos estamos en la gran metrópoli moderna o mientras más en crisis está el matrimonio con la vida, se establece la moda del derecho a la intimidad ajena; por el contrario, cada vez son menos los fans del respeto a la intimidad de quienes nos rodean.
¿Por qué entonces las relaciones se basan sobre la confianza en el otro y sobre el reconocimiento del derecho de cada uno a tener un mundo interno lleno de secretos, fantasías, recelos, ilusiones, fantasmas y experiencias inconfesables? Eso es lo que hace ricos a los seres humanos, ese misterio que comprueba que nunca conocemos la verdadera profundidad de quienes amamos o queremos. ¿O será que los tiempos actuales no resisten el misterio?... ¿Significaría que ya nada se intuye o se adivina, que todo hay que decirlo? En este caso… ¿Cuál es el sabor de vivir?
Me temo que, en general, las explicaciones sirven de poco y que la fuerza del universo nos sigue dando valor para continuar con nuestra elección de vida y hacernos brillar. Y aunque no me importa lo que diga el destino, tal vez esto… de las crisis mundiales y de la paranoia… me hace seguir pecando. Para quienes se inquieten, con mi secreto y eficaz vivir, seguiré bebiendo lo prohibido… porque cada mañana despertaré con un beso de la vida para mí.
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