Los camposantos, como se suelen llamar, se llenan de visitas en estas fecha. En realidad el día de los difuntos es el día dos de noviembre, pero siempre la tradición hace que se vaya a “visitarlos” el día uno.
Como todo en España se celebra comiendo. Postres y tradiciones, en todas las partes. En Cataluña hay una muy bonita que pocos sabes sus origines. Antiguament, en la zona de Tarragona en la que abundan las avellanas y almendras, la noche del 31 de octubre se pasaba a rezar el Rosario y a estar acompañando en su dolor, a la última familia que había perdido un ser querido. Era la época de las castañas y los moniatos, así que la dueña de la casa ponía en el fuego de leña y las asaba.
A alguien se le ocurrió un día hacer con una masa exulcerada una especie de pastelito, lo adorno con piñones y avellanas, ¡todo un éxito! Así nacieron “los panellets” o “panecitos”. Todas querían obsequiar a sus familiares, vecinos y amigos que venían a la casa de la viuda con esos dulces y empezó el arte de hacerlos. Durante años la receta familiar no salía de la cocina. Y se fue extendiendo. Ya no solo los hacían esas mujeres que iban a tener visita, sino que los iba haciendo el resto de mujeres conocidas.
Desde hace años, ya no hay pastelería ni panadería que no se llene de un surtido variadísimo de estos postres. Ahora los hay de todos los sabores, y no hay casa catalana que no coma en estas fechas de “todos los santos” sus panellets, castañas, moniatos y palo santos. Eso sí, ya no va nadie a acompañar a esa pobre viuda que se quedó hace meses sin su compañero de vida. Ni a esa madre que perdió su hijo en un desgraciado accidente de mano. Ahora simplemente no tenemos tiempo ni de recordar quien de nuestra familia fue el último.
¿Y las castañeras? En todas las esquinas donde había tránsito peatonal ponían sus puestos, con su fuego, aquellas mujeres vestidas con faldas largas, calcetines y toquilla de lana. Ahora han sido ustituidas por los jóvenes de los institutos que quieren sacarse un dinero para su viaje de fin de curso.