MCG
Adelaida resultaba a los ojos de los demás una mujer extraña, diferente.Desde niña frecuenta con asiduidad el pequeño pueblo soriano en donde yo vivo. Nuestra amistad viene de antaño
Es un placer compartir con ella la enorme casa familiar en la que a medida que habían ido pasando los años se había hecho más grande para mí. Sobran habitaciones. Faltaba gente.
Es una mujer solitaria pero le gusta mi compañía. Callada, pero con una conversación amena. Hermosa, aunque no es guapa. Tierna ,a pesar de su aspecto de ejecutiva agresiva. Me visita con frecuencia. ¡Me gusta estar con ella!
Es misteriosa y a la vez familiar. Se pasa horas leyendo, escribiendo y sobre todo contemplando los campos, las montañas, los árboles. Me acompaña muchos días en mis paseos por la carretera de Vozmediano. Es curiosa, pregunta por cualquier planta que no conoce. Es reservada cuando me habla de su vida en la ciudad. No es feliz allí.
Después de tantos años, llegué a comprender parte de lo que ella era el día que encontré uno de sus escritos.
“Todas las tardes sentada en la ladera del cerro entre los mismos matorrales y mirando al atardecer el sol que se ocultaba detrás de la misma colina; sus colores purpúreos, violáceos, rosáceos y carmesí, no se repiten nunca. En las praderas, desde el alba hasta el anochecer hay una vida siempre nueva. Frente a este cielo cambiante, mi mirada se posaba en el rojo del haya encontrando el azul del cedro y la plata de los álamos. Me siento unida con el infinito, siendo siempre yo. Siento sobre mis párpados el calor del sol de primavera, que está aquí para todos, pero que sólo me acaricia a mí. El cierzo gira alrededor de los chopos. Cuando la luna se alza en el cielo, yo me uno a tierras lejanas, desiertos, praderas, ríos, mares que en ese mismo instante nos baña con la misma luz. Yo soy una conciencia vacante, una mirada abstracta, el olor ondulado de los trigos negros. Ya no tengo límites. La naturaleza me descubre maneras de existir a las que yo nunca me había acercado. Admiro el aislamiento del roble que domina en lo alto el paisaje; me entristezco por la soledad de las briznas de hierba. Algo de mí hace que coincida con el perfume de las madreselvas.”
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