Después de estos meses en los que la amargura, la desesperanza, la falta de fe, el dolor en el cuerpo y en el alma, el miedo, la desilusión, el fracaso, se apoderaron de mí con muchísima fuerza, en los que llegué a pensar que la única solución para mi supervivencia era volverme mala para luchar con las mismas armas que luchan los malos, hoy por fin creo que empiezo a sentirme libre y yo misma de verdad.
Pasó la confusión, el dolor, el miedo, la caída, sentirme humillada, pisoteada. Levantarme, hacer un escape libre a 50 metros de profundidad, quitarme los 50 Kg. de lastre de mi cinturón de plomos, y subir tan … tan deprisa, apenas sin enterarme en una maniobra arriesgada y peligrosa para mi vida, pero aquí estoy en la superficie, viva y con muchas ganas, muchas ganas de amar y de que me amen, de disfrutar de la vida con los que la quieran disfrutar conmigo.
Respecto a los que engañan, embaucan, manipulan y torturan, siempre poniendo la palabra “amor” por delante, sólo un deseo, que jamás vuelvan a cruzarse en mi camino.
Caer, que te pisoteen, tiene que tener algo bueno cuando levantas, y eso debe ser cuando agotada, magullada y dolorida, esperas que sople el viento a favor, que es el que te devuelve a tu orilla, y allí descansar, nutrirte y emprender el regreso a casa, resurgiendo de tus propias cenizas. Seguro que lo mejor está todavía por llegar, y lo peor… lo peor ya ha pasado.