Cajón desastre

El cariño jamás olvidado, el de los nietos por sus abuelos

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¿Cómo olvidar a una persona que lo dió todo por tí cuando eras pequeño? ¿Cómo no recordar cuando te aconsejaba sobre cómo hacer las cosas? ¿Cómo se puede olvidar cuando te llevaba a pasear y te compraba las chuches que más te apetecían y que tús propios padres te ponían todo tipo de pegas? Todos esos pequeños detalles de la infancia jamás se olvidan

¡Qué palabra tan hermosa, los abuelos!¡Qué dulces y tiernos son todos! Son los segundos padres, según se dice, pero yo me pregunto si eso es cierto.

Los abuelos están ahí desde el mismo momento que viene el pequeño al mundo. Las madres no pueden cuidar del bebé porque les han hecho la cesárea, o simplemente, porque deben tener reposo. El nacimiento de un hijo, es algo tan importante en la pareja, que las mujeres nos queremos aprovechar de esos días tan especiales para nosotros, por eso, ¿A quién mejor pedir ayuda, que a una madre? Bueno realmente no hay que pedirla, ella está siempre al lado de una hija, apoyándola, consolándola cuando el dolor anuncia que el bebé está a punto de llegar. La abuela estará en ese trance tan traumático que es la llegada del niño, lo cogerá en su seno y lo acunará al compás de los papás. ¿Cómo, entonces, un niño no va a sentir el amor filial de los abuelos desde el mismo instante de su nacimiento?

Para la abuela será un orgullo saber que puede cuidar de sus nietos. Será tan feliz que rejuvenecerá varios años, no sintiendo su propio dolor, o enfermedad. Los abuelos verán crecer a sus niños y les cuidarán tan bien o mejor que los padres, llevándoles cada día a pasear, a jugar al parque, y seguro que la gran mayoría de los pequeños guardarán un agradable recuerdo de cómo su abuelo en esos ratitos que pasaban sentados en un banco, les contaba alguna historia de su juventud, ya casi olvidada. Cada día, sin importarles tener otros quehaceres, ellos lo dejarán todo e irán puntuales a recogerlo cuando sale del colegio o de la guardería. Con gran esmero y dedicación les prepararán las comidas predilectas, sin tener en cuenta que a ellos eso no les apetezca.

Resumiendo, no creo que los abuelos sean unos segundos padres, yo casi diría que en la educación y el cuidado de un hijo interviene toda la familia, casi al mismo tiempo. Para que los padres puedan trabajar, los abuelos, que ya deberían ser felices y descansar del trabajo que durante años han llevado a cabo, les llega esta nueva “carga,” pero el caso es que la mayoría lo hace con sumo gusto y dejan todas sus ocupaciones, sus aficiones, el ir con algunos amigos de fiesta o de vacaciones, con tal de cuidar de sus pequeños, a los que les dedicarán más cuidado y esmero que los progenitores.

Los niños sabrán sacar partido del amor que reciben de los abuelitos, y casi todos, o todos desearán pasar la mayor parte de su infancia con esa abuelita, que llora, si el pequeño está enfermo, que lo cuida, aunque alguna vez la lastime o la rechace, que le dará consuelo, cuando en la adolescencia sienta temor por enfrentarse a las cosas propias de la juventud. Los años pasan deprisa, y cuando se hacen mayores, ya no les necesitan.

Algunos verán inundarse su corazón con una gran pena porque es entonces cuando verdaderamente se habrán quedado solos, sin hijos y sin nietos, pero, con la gran satisfacción que da el ver, el sentir, en cada gesto, en cada mirada, en cada sonrisa el amor tan grande que todos los nietos devuelven a sus abuelos. Todos guardamos de ellos el mejor de los recuerdos.

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