Llegó Julio y con este mes el tan esperado por muchos, y tan rechazado por otros. Navarra se viste de blanco y rojo. El color blanco y cálido del calor del verano, y el rojo, el color que representa la sangre que tiñe en estos días las calles por dónde los toros, estos bellos y siempre bravos animales, derraman de los mozos que corren al compás de ellos.
A Navarra la identificamos tan sólo con la fiesta tan popular que ahora se prepara, pero esta bellísima ciudad tiene más, muchísimo más que la pueda hacer interesante a los ojos de cualquier turista que en estos días visitan la ciudad. Son miles y miles las personas que durante esta quincena de Julio se concentran en este lugar para disfrutar de unas fiestas maravillosas para algunos, para otros, por suerte los menos, desgraciadas e inolvidables.
Las calles de la ciudad se visten de luz y color, como ocurre en cualquier fiesta de otra localidad, pero aquí se vive con una alegría inmensa y contenida durante el resto del año. El Chupinazo, marcará el momento más deseado por todos para el comienzo de la juerga ininterrumpida de las muchas peñas que formarán su fiesta particular desde el mismo comienzo, hasta el último día, en el que comenzarán a pensar en el año próximo.
El Encierro de los toros, es un momento espectacular y maravilloso. Todos pendientes de los animales y sobre todo de los mozos que se arriesgan con gran valentía a correr tras los animales, guiándoles hasta la plaza, dónde serán horas más tarde sacrificados. Terminado el encierro, unos continuarán con un jolgorio ininterrumpido donde la diversión irá unida al dolor causado por la cogida o atropello de los toros a algunos jóvenes. Muchos de ellos, por su edad, y también porque durante todo el año se entrenan corriendo, se encuentran fisicamente en forma, y podrán llevar a cabo algo que entraña tanto peligro, pero hay otros muchos mozos que no deberían hacerlo pues no saben como manejar a un animal que al estar acosado por todos, les puede envestir con gran facilidad y destrozar sus vidas y las de sus familiares.
Son días de juerga, de fuegos artificiales, de grandes comilonas en las que se consumirá gran cantidad de alcohol, sin pensar en el peligro que supone ponerse después en la carretera. Ojalá este año se puedan dar cuenta de lo que representa estar en estado de embriaguez, y evitar muchas muertes que de otra forma no se hubieran producido.
Acabados los días de fiesta, se pueden visitar muchos lugares preciosos como son los verdes bosques de los Pirineos navarros y deleitarse comiendo sus deliciosos alimentos de la huerta de la ribera del Ebro. Las fiestas de San Fermín, pueden ser bellas e inolvidables, o podemos guardar un pésimo recuerdo de ellas. Gran parte de ello depende de nosotros.