Hasta se planteaba, si la cosa iba a más, la posibilidad de tener que cerrar algunos colegios o escuelas de manera temporal, o incluso retrasar el inicio del curso escolar. En las empresas se suscitaban otras tantas dudas sobre qué pasaría si gran parte de la plantilla contraía el espantoso virus.
Se aportaban soluciones que iban desde el teletrabajo, a la contratación temporal de trabajadores que sustituyeran a los afectados. Fueron unos tiempos llenos de incertidumbre y temor, pero en las fechas en las que estamos y al haber transcurrido ya unos meses, parece que se ha quedado todo en agua de borrajas. O como dicen también, mucho ruido y pocas nueces.
No soy una entendida en medicina y por supuesto desconozco el comportamiento y evolución de cualquier virus, pero en mi modesta opinión, como madre trabajadora, en su momento sólo consiguieron crear una tremenda psicosis general. Está claro que se han dado casos, se están dando y se darán algunos más pero no era necesario generar tanta alarma social. Según lo estaban pintando era como para quedarse en casa, no ir a la oficina, no llevar los niños al colegio, y hacer la compra, a ser posible, por Internet.