Cajón desastre

Mi mamá y papá me miman...¿demasiado?

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En estos últimos días se habla y se vuelve a hablar de los jóvenes, de que ya no respetan a nada o a nadie. De hecho comentaban que se habían disparado los casos de hijos que pegaban a sus padres, lo que me parece sinceramente aberrante, pero en el fondo, por muy duro que sea y lo mucho que cueste reconocerlo, nosotros los padres somos los primeros y principales culpables de semejante situación.

 Muchos de nosotros no lo hemos tenido muy fácil en la vida, y hacemos todo lo posible e imposible para que a nuestros hijos, tengan la edad que tengan, no les falte de nada. Este lógico y paternal o maternal instinto de protección, este afán de que ellos tengan muchas de las cosas que no hemos podido tener nos lleva a consentirles y a mimarlos en exceso.

Esta actitud sobreprotectora hace que nuestros hijos se piensen o lleguen a creer que todo el campo es orégano, que sólo con un chasquido de dedos pueden conseguir lo que quieren, como si fuéramos el genio de la lámpara. Crecen con la firme convicción que la vida es un camino de rosas y que nada o nadie se les puede poner por delante o les puede hacer sombra. Así que cuando se dan cuenta de que no es así, es cuando pueden surgir los problemas y conflictos.

Es cierto que los jóvenes o algunos de ellos tienen comportamientos inaceptables y que no se les puede permitir que insulten, peguen o menosprecien a quienes les rodean o a quienes no les consienten sus caprichos, pero los padres y madres somos los primeros que tenemos que replantearnos la forma que tenemos de educar a nuestros hijos. No se trata de hacerles pasar hambre, frio o sueño, pero sí de inculcarles ciertos valores tan importantes como el respeto, la tolerancia y por mucho que nos cueste, no ser tan permisivos.

No les consintamos tanto, les hacemos un flaco favor. Tratemos de enseñarles que en la vida no todo se consigue en un abrir y cerrar de ojos, que muchas veces hay que sacrificarse y esforzarse para alcanzar una meta, y que si alguna vez no consiguen lo que quieren, pues que tienen que saber aceptarlo y seguir adelante. Por supuesto que podemos y debemos ayudarles en sus primeros pasos y a lo largo de sus vidas, pero a ser mejores personas.

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