Por nuestra usuaria Amaia San José
Cuantísimas veces topamos con personas en nuestro entorno que calificamos como emocionalmente inestables porque cuando parecen habernos ofrecido su perfil más tierno, de repente, ¡zas!, nos enseñan sus afiladas garras de lobos feroces. Pero un momento, parece que algo no cuadra...
Miramos al cielo y en la oscuridad que nos rodea no riela ninguna luna llena. Esto no es un hombre lobo. Pero tampoco un inestable emocional, como tendemos a pensar. Es un o una maleducad@.
En nuestra sociedad, muy especialmente en los àmbitos laboral y sentimental, parece estar latente este tipo de comportamientos que yo vengo clasificando en tres sectores: los inestables, los soberbios y los mal educados, de criterio endeble y carentes de valores morales.
El inestable emocional es aquel que pasa de la pasiòn a la indiferencia a una velocidad de 300 mil km/seg; esto es, a la velocidad de la luz. Y me compadezco de ellos porque se que sufren en su estado psicològico al igual que aquèllos que se cruzan en su camino.
Por otro lado nos encontramos con los soberbios; estos, cuyo pecado capital es posiblemente el de mayor gravedad: la soberbia, derivado del latín superbia. Decía el maestro Quevedo que "ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos". Estas personas tienen un amor propio indebido, buscando la atención y el honor a todo trance y poniéndose en antagonismo con el mismo Dios. Todo esto los convierte "in extremis" en codiciosos, egoístas y miedosos. “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano”. (S. Agustìn).
Pero muchos no encajan en ninguno de estos dos grupos y lo que ocurre es que son maleducados a natura porque hacen las cosas mal sabiendo que mal las están haciendo. Son cajas de Pandora, con truenos y todo. Tan dulces parecían y súbitamente se dirigen a una a gritos y jurando en hebreo. Hay que recordarles que el aporte de educación es imprescindible si quieren mejorar la convivencia.
Los códigos deontológicos rigen las profesiones y los protocolos, las reuniones sociales pero ambos han sido creados con el fin del respeto moral y esto no ha de olvidarse jamás.
Asi que, querido lector, si usted se encuentra con un maleducad@, aplique la vara justa para medirlo y en consecuencia, reconocerlo. No lo exculpe con la tan común inestabilidad emocional. Cuando éramos niños esta "excusa" apenas se conocía. Haberlos, haylos, pero de ellos se encargará la psicología. El maleducad@ que se exculpe a sí mismo con un “lo siento, te falté al respeto”.
Si tú también quieres publicar un artículo y ser nuestra columnista, envíanoslo a la zona de comunidad